lunes, 26 de diciembre de 2011

Querido Santa

Al igual que muchos infantes, yo también quiero expresarle al barbudo de rojo algunos de los deseos, que si bien es cierto, no son todos míos, sí pertenecen a algunos que no pudieron enviar una misiva como ésta. Lo primero que quiero pedirte es mucha salud, sobre todo para aquellos que este año tuvieron intervenciones complejas, a quienes les fue detectada alguna espantosa enfermedad y para aquellos que la necesitan con urgencia. Como es difícil pedir seguridad y estabilidad emocional, pediré, que se reduzca la tasa de muertes por asalto, tanto la de la calle como la “autorizada”, extorsión, violencia doméstica, entre otras. Que ya no secuestren a nadie, que podamos salir a la calle con la certeza que regresaremos a salvo a abrazar a nuestros seres queridos y que nuestros hijos jueguen en la calle sin temor. Que aumenten las posibilidades de empleo, que los patronos paguen salarios justos y que los trabajadores cumplan con sus obligaciones, pero, sobre todo, que exista la oportunidad para ganarse la vida trabajando en cualquier intersticio del país. Que ya no mueran niños y niñas de desnutrición, que se multiplique la comida y que alcance para todos, pues no es posible que un país como el nuestro alguien se muera por no comer y otro muera sebado.
Que exista más armonía y tolerancia entre los guatemaltecos: que se acabe el racismo en todo sentido, que no te ataquen por el color de tu piel o por la ropa que vestís, que no sintás vergüenza porque solamente tenés un par de calcetines o porque todos los días tenés que lavar tu ropa interior. Que las estadísticas negativas desaparezcan y que sigamos construyéndonos como una nación en todo el sentido de la palabra. Que el próximo año Guatemala gane su primera medalla olímpica y que la selección de fútbol no quede eliminada en la siguiente ronda. Si no podés cumplir con todas, pues me conformaré con al menos tres, pues, me parece que con algo se empieza. Una feliz Navidad para los y las lectoras.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Los amos de la noche

Como siempre, en nuestro país la cultura tiene un lugar privilegiado y cuando hacemos cuentas, nos pasa de manera diferente en otros campos, en los que siempre nos va mal. En esta ocasión quiero referirme a un hecho de mucha relevancia en el campo de la literatura, especialmente la contemporánea, pues, además del surgimiento muchas publicaciones y de de nuevas voces, quiero hacer un énfasis especial en la reaparición del escritor Estuardo Prado. Este autor, tras años de silencio presentó una nueva edición de Los amos de la noche, sin lugar a dudas, uno de los textos más importantes de la narrativa centroamericana de los últimos años.
Para quienes no conocen la literatura de Prado, mencionaré que marcó una nueva era debido a que sus textos cambiaron la forma tradicional de narrar, de contar historias durante el siglo XX en nuestro país. Comenzando por la manera en que edita sus textos, el papel, la letra, las imágenes y demás. Por otro lado, los temas que aborda; son, en su gran mayoría tabú, los que pueden herir a quienes no estén preparados para enfrentar esta avalancha de creación, ocurrencia, sobre todo con mucho seso. Su importancia radica en la integración de varios géneros, como el cine, la TV, la plástica, el cómic y la literatura, lo que hace leer sus textos fácilmente (cualquiera los puede leer), pero a la vez, están llenos de referencias para un tipo de lector exigente y con muchas referencias. Los amos de la noche está muy por encima de cientos de libros y de películas en que muchos compatriotas gastan su plata y quedan con insatisfacción tras terminarlos. Este es un texto creado en nuestro país, con un estilo, que alguien podría llamarlo contracultural, pero que no tiene nada que envidiar a textos que se publican en NY o en París del canon. No tienen todo el despliegue promocional, ni Prado se ha tenido que ir a España a escribir la gran novela. El texto habla por sí solo. Estoy seguro que los lectores de ND lo disfrutarán. Si me preguntan qué aporta el país a la posmodernidad, diré que literatura. Celebro la aparición de este autor y que su obra perdure.

martes, 13 de diciembre de 2011

Sentimientos de fin de año

Pasa que cuando abrimos los ojos nos damos cuenta que ya estamos a pocos días que termine el año. Es como un parpadeo el que damos y comenzamos a recordar que hace un año “estaba haciendo yo tal y tal cosa”, “recuerdo que ese día…”, sí, de la misma manera sucede con los días, los meses, los años, las décadas y más. “Pasan como agua” dirían las abuelitas, o “los días pasan volando”. Lo que es cierto es que cuando ya casi llegamos al día 350 comenzamos con tres infaltables sentimientos: uno, los arrepentimientos; dos, la nostalgia y tres las promesas. Voy a explicarlo. En la primera entran temas como la comida, por ejemplo, la incontenible subida de peso, debido a la larga lista de chucherías que nos hemos tragado día a día y que nos han elevado, considerablemente los niveles de triglicéridos, entre otros. O los gastos en los que hemos incurrido, que nos tienen sumamente endeudados, debido a una compra de más, un “gustito” o la descarada subida de precios en todos los campos, que nos obligan a prestar para pagar los que todavía debemos. En la primera entra también lo que dijimos. Como tenemos muy liviana la boca, más de algún “veneno” lanzamos, como espontáneamente a muchos. En la nostalgia entran aquellos como recordar con cariño a aquellos que se fueron, algunos pensarán en la novia que dejaron ir, los gratos momentos familiares (tenemos miles de fotos en los celulares de cumpleaños, fiestas y paseos); otros en cambios radicales como casamientos, vivir juntos, un retoño más en casa. Finalmente, las promesas. Como es inminente la llegada de decenas de tamales, chompipes, cerdo, dulces, ponche, que las mamás siempre sacan como por arte de magia, comenzamos a jurar que bajaremos de peso, eso sí, hasta el otro año haremos ejercicio: cuando pase la San Silvestre nos inscribiremos a un gimnasio: otro préstamo; no abriremos la boca de más: esa nunca se cumple o la famosa, “voy a ahorrar”. Esta es la menos probable, debido a que, como tenemos un poco de negativismo, pensamos, el otro año va a ser peor, por lo que comenzamos a comprar y a comprar y cuando sentimos, los tres sentimientos vuelven a surgir y ya estamos en el siguiente año, como el pasado. Como el que viene.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Instrucciones para sobrevivir a convivios

Más allá de las clásicas recomendaciones de cajón, como las de no conduzca si toma licor, existen otros inconvenientes que atravesamos quienes asistimos a convivios. Estas reuniones de fin de año, a veces, suelen terminar mal para algunos, a tal grado que tienen saldos negativos. Por eso, le recomiendo evitar lo siguiente: hay aquellos que tras tomar considerables cantidades de alcohol se transforman, tipo Hulk. Evidentemente no pueden conducir, pero se creen mejores que Fittipaldi. Se emberrinchan en no entregar las llaves, por eso, mejor entréguelas cuando aún permanezca sobrio. Por ejemplo, algunos jefes, que tras tomar unos tragos de más comienzan a revelar posibles despidos o ascensos, o peor, se ponen la corbata en la cabeza, se suben en las mesas a bailar y sus instantáneas van a parar al facebook de cientos. Más de alguno se las lleva de muy galán y tras sentir “valor” se acerca a “cantinear” hasta las monjitas, llegando al colmo de ofrecer hasta matrimonio a dos o tres. La clásica mujer que de un momento a otro le “da el aire”, es decir, pierde el control y se desata en ella una furia al estilo tormenta tropical. Quienes están acostumbrados a verla, sentada, sin hablar, tomando té negro, se llevan la sorpresa del siglo al verla, como que es conductora de talk show. Están los serviciales, es decir aquellos que de ogros se transforman en “cuates de toda la vida”, incondicionales y juran lealtad eterna.
Están los que amanecen “in situ”, me refiero al sitio de la fiesta, totalmente dormidos con alzhaimer, muchas veces sus nombres aparecen en la radio como extraviados. O lo que se creen Robin Hood y deciden llevarse una que otra boquita o una que otra “tánica” de color ámbar. Piensan que lo harán furtivamente, pero, oh… o se los quitan en la puerta o se los descuentan a fin de mes, pues todos se dan cuenta. Por lo anterior, es determinante que antes de ir a pasarla bien, divertirse, esperar su canasta navideña y despedirse de los compañeros, piénselo dos veces antes de protagonizar algunos de estos “clavitos”. Si va de convivio, repase este manual.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Yo no quiero un hermanito…

Recuerdo 70, una canción cantada por un pequeño en la que decía a su mamá que en lugar del hermano, deseaba un “perrito/ chiquitito y juguetón”. Esta pieza me bailó en la cabeza el pasado domingo, cuando caminé por la Avenida de las Américas, entre tenis y pedalazos y me percaté que las tres pequeñas con quienes paseábamos, se detenían en cada venta de cachorros a suplicarnos que compráramos un “perrito”. Había todo tipo de raza, encantadores, simpáticos y hasta con registro de la canófila. Sin embargo, también reflexioné al respecto de lo que implica llevar a un perro a la casa, sus consecuencias y el compromiso que se adquiere al “invitarlo” a que comparta con nosotros. La cuestión es que no todas las personas tienen la conciencia sobre la responsabilidad de adquirir una mascota. Por supuesto que son encantadores todos cachorros. Pero, a los pocos meses crecen y creen y conforme van desarrollándose, muchos les van perdiendo el cariño, que sintieron al principio y los “mejores amigos del hombro” la paran muy mal. Algunos son regalados, con cierta culpa, a quienes les pueden dar mejor cobijo, otros son vendidos ya de adultos. Los que corren la peor suerte son sacrificados: siempre hay más de alguno que piensa que si no está con él, no vivirá con nadie. Siempre que se va a adquirir una mascota canina, como este caso, es determinante que se investigue sobre la raza, sus cualidades y defectos, su relación con los niños, entre otros. Las condiciones de la casa, por ejemplo, si le encanta un Gran danés, pero tiene niños pequeños, es probable que ellos no puedan jugar con él; si compra un San Bernardo y vive en la Costa, seguro el animal la pasará mal. También, si lleva un Samoyedo a un apartamento, deberá comprar aspiradora y ventilar la casa. En fin, la reflexión es que los perros son magníficos compañeros, terapeutas, agradecidos, pero llevarlos a casa es como vivir con un familiar más. Cuando sus hijos lloren por uno, piénselo bien. Visualícelo de viejito en su casa, contento y no regalado o tirado en un basurero.

martes, 15 de noviembre de 2011

Querido Matías

Querido Matías. Es probable que vos no podrás leer por tus medios estas líneas. Seguramente con el apoyo de tu mamá y tu abuela que siempre han estado y estarán al lado tuyo, te enterarás. Como de plano ignorarás debido a tu permanencia en uno de los mejores hospitales nacionales, desde hace algunos días hemos recibido una noticia, por un lado triste, por otro, con mucha esperanza: se trata de que tienes un cáncer en la sangre, enfermedad conocida como leucemia y que la padecen desde niños hasta adultos. Sin embargo, también hemos sabido que debido a varios factores como tus ganas de vivir, lo avanzado de la ciencia y la entereza de los médicos y enfermeras, un hospital dispuesto a recibirte, el apoyo incondicional de tu madre, hermanos y abuela y de los que te queremos, saldrás adelante. Claro, Matías, como a otros, te tocará recibir la famosa quimioterapia, que a pesar de ser dolorosa e incómoda, seguramente te ayudará a ganarle a la enfermedad. Quiero que sepas que el mundo, a pesar de sus serias complicaciones, está dispuesto a darte la oportunidad y a que termines el reto que se te ha presentado y tras salir adelante, que estudies, practiques deporte de tu predilección y que seas un guatemalteco más de esos que nos hacen enorgullecernos constantemente. Como sabrás el quehacer diario es complicado. Nacimos en un país hermoso, pero a la vez complicado y con serios problemas que sortear. Sin embargo, cuando día con día nos levantamos y pensamos en la sonrisa de quienes nos aman, en lo que podemos hacer por nosotros y por los demás, el empuje de luchar y de vivir le gana a todo. Por eso, querido Matías, quiero pedirte más fortaleza de la que tienes, que continúes con tus conocimientos y aprendiendo lo que te gusta, por ejemplo, las marcas de los carros, sus llantas y los alucinantes colores. Estarás junto a otros que padecen la enfermedad y conocerás sus dolencias y compartirán sus alegrías. Cuando tu mami te lea este mensaje en la pediatría y lo haga ella porque aún no has llegado a los 3 años de edad, recibirás este saludo de tu tío abuelo que te quiere.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Hasta siempre

Fue precisamente en nuestro país, donde el “Che”, comenzó a escribir su libro La función del médico en América Latina Si a mí me preguntaran quién es uno de mis héroes de la vida real, sin lugar a dudas mi respuesta es Ernesto “Che” Guevara. A mis casi 47 años, sigo considerando a este formidable latinoamericano, como uno de los más importantes revolucionarios y combatientes, que siempre se entregaron a su ideal a pesar de sufrir adversidades y, claro, cometer errores, fue un cubano-argentino que inspiró a muchas generaciones de jóvenes. Contrariamente a quienes piensan que su pensamiento no está vigente, pues quizá lo encasillan y no dan opción a entender el pensamiento global de este médico asmático conocedor de muchos países latinoamericanos, entre ellos Guatemala. Fue precisamente en nuestro país, donde el “Che”, comenzó a escribir su libro La función del médico en América Latina, texto en el que planteó la importancia de la medicina preventiva y social, como fundamental para una transformación social. Quizá no sea casualidad, que su legado todavía esté en muchos rincones del país, donde médicos cubanos han atendido a cientos de paisanos diariamente. A este inspirador de películas, cuentos, novelas, pinturas y casi todas las manifestaciones del arte, le conmovió la intervención contra Arbenz en 1954. En la biografía Che Guevara una vida revolucionaria de Jon Lee Anderson señala al respecto del golpe al gobierno revolucionario: “La traición sigue siendo patriotismo del ejército, y una vez más se prueba el aforismo que indica la liquidación del ejército como el verdadero principio de la democracia”. Sus aportes fueron valiosísimos para comprender a América Latina, la identidad de esta época y sobre todo devolvió a muchos la posibilidad de creer en un mañana mejor El 9 de octubre de 1967 se cumple un aniversario más de su captura, ejecución y exhibición de su cuerpo en Bolivia. Por su memoria, el sábado será un buen día para recordarlo, especialmente cantando los versos de Carlos Puebla: “Aquí se queda la clara/ la entrañable transparencia/ de tu querida presencia/ Comandante Che Guevara.

jueves, 27 de octubre de 2011

Esos locos bajitos

El título de mi columna lleva el nombre de la canción de Joan Manuel Serrat, la cual está dedicada a esos pequeños que nos acompañan día a día y a quienes quiero dedicarles lo siguiente. No cabe duda que cuando aparece uno de estos pequeños en nuestros hogares, todo cambia y nunca volverá a ser igual. A los pocos meses comienzan los pasos inseguros, que conllevan caídas lamentables, quebrazón de adornos, macetas y desapariciones urgentes de objetos sobre cualquier superficie. Luego los balbuceos: las primeras jerigonzas, indescifrables, como poemas dadaístas, hasta que un día sale de su boca el tan ansiado Papá o Mamá. “Esos que se menean, con nuestros gestos”, resulta que comienzan a ir a estudiar, tanto a la casa-cuna, luego a la escuela o al colegio. Esta es la etapa del dibujo y la plastilina: algunos quieren ser Picasso, otras Frida, algunas, simplemente hacen garabatos y les ponen Te Quiero. La etapa de las superestrellas también es genial: ellas quieren ser violinistas o bailarinas, ellos Messi o Ronaldo; aunque también algunos quieren ser cocineros y algunas pilotos aviadores. La siguiente etapa, la de las preguntas es inolvidable, pues algunas de ellas nos pueden sacar el “color”, como cuando una hija te pregunta ¿a ti quién te enseño a hacer pipí parado, papá? O las interpretaciones literales como la que me preguntó una de mis hijas, tras escuchar Corazón partido. ¿Con qué le partieron el corazón al señor, papá? Claro que las enfermedades y las inyecciones causantes de llantos son parte del menú, altas fiebres, dolor de pancita. Uno quisiera que la enfermedad se le metiera por la piel con tal que se les quitara, por ejemplo. Poco a poco los vamos viendo como nuestro espejo, como seguramente fuimos de pequeños, su caminado, sus palabras, la entonación, solamente que “mejorados”. En fin son ideas que se quedan cortas, para todo ese mundo maravilloso que es el de ser pequeño. Muchos quisiéramos que se detuviera el tiempo y que no pasara lo inevitable: que un día crezcan,se marchen y nos digan adiós.

martes, 11 de octubre de 2011

Amigos virtuales

¿Quién iba a imaginar hace algunos años, que una persona podía entablar una amistad con alguien a quien no conociera físicamente? Hasta hace apenas unos 20 años, cuando le enviábamos cartas una persona, en el extranjero, por ejemplo, era alguien de la familia o algún amigo que se había ido de viaje, a estudiar o marchado para siempre. La dinámica era comprar papel, sobre, lapicero, sellos, escribirla y luego depositarla en el correo. Luego, tras dos o meses, regresaba la respuesta del destinatario, quien muchas veces regresaba antes que su propia carta. Claro, esos eran aquellos tiempos, que uno recuerda en sepia. Sin embargo, hoy día, escribirle, por ejemplo, a alguien en facebook o por correo electrónico, a través de una “compu” o un celular, no necesariamente se realiza conociendo al destinatario. En mi caso, he conocido algunos escritores, editores de revistas, académicos, con quien me escribo con tal naturalidad, incluso, como si hubiéramos estudiado juntos en primaria. Algunos de mis buenos amigos, como Fabián, un argentino que vive en Suiza, en mi vida lo he visto físicamente, pero desde hace años, poco a poco ha crecido la amistad y somos, entrañables “cuates”. Igualmente, puedo decir de Amir, un escritor cubano, que vive en Berlín, y quien a pesar que solamente lo he visto dos veces, mantenemos una estrecha amistad, que prácticamente, durará para siempre. Es genial eso de lo virtual. Pero claro, también es sumamente arriesgado y puede ocasionar, incluso la muerte o el secuestro, de alguien muy confiado o que lo agarre desprevenido, especialmente, las y los adolescentes, por ejemplo.
Algunos de estos fatales encuentros con personas, que se adquieren identidades falsas, pueden conducir a la desaparición física, como tantos casos recientes, a lamentables engaños, robos y demás. Sin embargo, diré que el sentimiento de escribirle a alguien que vive del otro lado del mundo, con su familia, sus actividades laborales y saliendo día con día “pa’lante”, se parece también a escribirles a ustedes lectores, que viven cercanamente y que cada día le echan un ojazo a blog. Gracias.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Te recuerdo abuela

Aprovechando las efemérides, diré que existen muchas formas de recordar a la patria, en su mes de Independencia o a un ser querido, que tuvo un significado determinante en la vida familiar. En esta ocasión me gustaría hacerlo brevemente sobre mi abuela paterna, Elvira Dávila Posadas, quien hoy arribaría a su centenario de nacimiento. Tuve el privilegio de conocer a tres abuelos, Augusto y Alicia, dos maternos y a ella. Mis recuerdos sobre todos son intensos, pero me referiré a los de doña Elvirita, como era conocida en el vecindario o por sus amigas, por ser hoy cuando hubiera cumplido 100 años. Mamita Viris, como era llamada en el seno familiar, gustaba de la buena música, la lectura y la buena comida. Ella, como buena guatemalteca era bajita de estatura, con un carácter súper dominante, aguerrido y amante de los buenos gustos. Recuerdo de los coscorrones que nos dio, cuando saltábamos por las vecindades o andábamos de travesura en travesura. Era la protectora de nietos, pues siempre nos encubría y en más de alguna ocasión se hizo responsable de más de algún vidrio que quebramos. Fue ella la que me regaló mi primer perro, un Lhasa apso, que nos acompañó por casi diez años, al que llamábamos Cafecito. Como vivíamos por el cerro del Carmen, donde todos los desfiles y procesiones pasaban, nos alentaba a que aplaudiéramos, desde el desfile huelguero de la USAC, hasta el santo entierro de La Merced. Cuando la recuerdo, en rara ocasión me viene una imagen de ella enojada o molesta. Siempre estuvo para nuestros primeros cumpleaños. Vio a crecer espiritual y académicamente a sus hijos y fue una viuda inconsolable, cuando el abuelo, Francisco Méndez Escobar, murió. En los 80 enfermó del corazón y un fin de año de 1982, nos dejó. Un recuerdo para ella en su siglo de natalicio y un abrazo hasta el más allá, donde, seguramente divaga Beatriz, la de Dante, pues como dice el dicho, todas las abuelas van al cielo.

viernes, 23 de septiembre de 2011

La cultura en tiempos de elecciones

Si hablar de cultura cotidianamente no está dentro de la preferencias de muchos guatemaltecos, mucho menos en tiempos de elecciones, que ha son inminentes. Claro pues, sería como inesperado que alguno de los candidatos (as) dijera: ¡Vamos a fortalecer la cultura a todo nivel! O ¡Velaremos por la Orquesta Sinfónica, el Ballet Nacional! … Algo así como: ¡Yo, Fulano de tal, velaré por los poetas, pintores y músicos guatemaltecos. Garantizaré la producción de obras de todas las artes, protegeré el legado maya, las artesanías, los idiomas mayas, las tradiciones y las leyendas! Sería como iluso tan siquiera, pero lo es más cada vez que alguno se vanagloria de que viene de un país multilingüe, multicultural y etc. Como que eso solamente sirve para tomarse la foto (con güipil), pues, tal parece que la cultura no entra entre las prioridades de ninguno. Quizá por ello no escuche, entre los miles de spots publicitarios en la radio o los anuncios en la TV o los “campos pagados”, en los que algún flamante y virtual ganador, de la presidencia, por ejemplo, expusiera: “Durante mi gobierno vamos a apoyar la candidatura al Nobel de tal y tal escritor. Aprobaremos pensiones vitalicias (quitaremos las de los exfuncionarios) a maestros de la música, plástica, literatura, entre otros, como reconocimiento a su labor y aporte artístico hacia la patria”. Por más que monitoreo muchos medios, palabra que no he encontrado ningún indicio de algún ofrecimiento al respecto. ¿No interesa la cultura? O ¿no es negocio? ¿No está en la bolsa de valores? O será que durante los foros se le olvidó a algún avezado moderador preguntar: ¿Durante su gobierno cree que habrá otro Premio Nobel? ¿Apoyará la reedición de libros clásicos de autores guatemaltecos? No, claro que no. Como que no es llamativo ofrecer proteger, apoyar y motivar al arte en este país. Claro que el arte y la lucha nos ha salvado como país de estar en las páginas rojas: estamos entre los países con más analfabetismo y tenemos un Premio Nobel de Literatura; somos uno de los países más violentos y tenemos un Premio Nobel de la Paz. ¿Entonces?

domingo, 18 de septiembre de 2011

Pueblo de crímenes

(Tomado de Elpais.com) El sol parcialmente cubierto por las nubes cae en una tranquila tarde de verano. Un grupo de jóvenes se concentra en la puerta de un bar con la fachada de madera. Llevan en sus manos unas cervezas y hablan bajo, en una conversación intrascendente. A su lado corretean un par de chiquillos que van por delante de sus madres. Lejos quedan las terrazas llenas de estudiantes. Es Villanueva de la Cañada, un tranquilo municipio en el que en el último siglo han ocurrido una serie de crímenes. Y siempre en el mismo local, una tienda situada en el número 34 de la calle del Cristo. Ahora se trata de un Open que abre las 24 horas del día, pero antes fue una relojería y una joyería. Y siempre con una cadencia fija de años. Y siempre con el mismo número de personas que están dentro del establecimiento. Pero todos estos asesinatos ocurren en la ficción, a través de las páginas de El aviso (RBA), la primera novela escrita por el guionista y colaborador de prensa Paul Pen (1979), un vecino de Villanueva que ha elegido este municipio para situar la acción de este thriller. Este pueblo de 19.000 habitantes, que llega a sumar otros 18.000 con los estudiantes de las dos universidades privadas que tiene (Alfonso X El Sabio y Camilo José Cela), se convierte en la definición de Arenas de la Despernada, en clara referencia al antiguo nombre del municipio. "Inicialmente busqué una localización que fuera genérica y que pudiera responder un poco a un pueblo ideal de serie de televisión estadounidense, pero a la hora de la verdad vi que podía quedar un poco hueco. Por eso me decanté por Villanueva, que en el fondo es muy parecida a esta concepción", explica Paul Pen en una conversación telefónica. Este mes se encuentra en Honduras como guionista del programa Supervivientes. El pueblo de Villanueva, con 34 kilómetros cuadrados de superficie, se halla a 30 kilómetros de la capital. El protagonista de la historia es Leo, un niño de ocho años que desde el primer capítulo sufre las bromas y el acoso de sus compañeros. Estudia en un colegio situado precisamente en la calle del Cristo. El centro existe en la realidad. Se trata del Lycée Français Molière. Un elemento que toma un gran protagonismo en la acción es el paso de peatones que hay justo delante del colegio. Es el que no se atreve a cruzar mientras sus compañeros le golpean en el cuello. Justo nada más bajar la calle, a unos 200 metros se encuentra el verdadero eje espacial a través del cual se encadenan los crímenes. Se trata de una tienda de conveniencia abierta por el señor Palmer, un norteamericano de Kansas que llegó a Arenas de la Despernada en los años sesenta junto con su esposa. En la novela, la tienda tiene la estética típica americana con un cartel de neón con la palabra Open. En la realidad la cosa cambia. Múltiples carteles anuncian que el comercio está abierto todo el día, pero le falta la estética de EE UU y el famoso cartel. Dentro está Jorge García, que lleva en la tienda cinco años. "No sabíamos nada de que justo en este local se desarrollaba la acción de una novela y encima de género negro. Llama bastante, la verdad", confiesa García. En el local trabajan seis personas y solo cierra en agosto, cuando se toman vacaciones los empleados. El resto del tiempo suele estar llena de universitarios, salvo en verano, cuando la clientela flojea algo más. "Le diré lo de la novela a mi compañera Laura, que es muy aficionada a la lectura", añade el dependiente. En sus estanterías, destacan las cervezas y las golosinas, que tanto protagonismo alcanzan en la novela. "He recorrido la calle del Cristo un montón de veces. Antes de la novela ya paseaba mucho por ella, llevo viviendo en Villanueva desde que tenía 16 años, pero luego he ido más veces para ambientarme en ella", reconoce el autor. De hecho, los padres de Pen estaban sorprendidos de que a las 12 de la noche saliera muchas veces a pasear por el centro del municipio. La acción transcurre a buen ritmo y se acelera conforme pasan las hojas. Para ello es fundamental la labor de Aaron, que poco a poco desentraña los crímenes de la tienda. El lector avezado se da cuenta de que se trata de Villanueva de la Cañada a las pocas páginas por un hecho que llama la atención. Arenas de la Despernada tiene un parque acuático que se llama Aquatopia. Ese detalle le lleva directamente a Aquópolis, el auténtico parque acuático de Villanueva. Pen también bautiza una de las atracciones como Gyga Splash, que tiene su equivalente en el Kamikaze. Si el lector cogiera un ejemplar y siguiera al detalle la descripción del autor en El aviso, se daría cuenta de que muy cerca del Open está una gasolinera. En la ficción se ubicaría en la confluencia de la calle del Cristo y la avenida de la Dehesa, donde realmente se halla un restaurante con una gran terraza de verano. En la realidad la estación de servicio se encuentra alejada, en la carretera de Brunete a El Escorial. Los empleados de la gasolinera, como era de esperar, eran ajenos a lo que ocurría en la ficción. A Elisa Ojea, que lleva cuatro años en la estación de servicio, le resultaba sorprendente que alguien hubiera elegido Villanueva como un lugar donde ocurren varios crímenes. "Si aquí no ha habido nada grave en los últimos años... Nadie nos ha dicho nada", contaba la trabajadora, que tiene previsto pedir un ejemplar en una tienda de Valdemorillo. Un hecho que también llama la atención es que en ninguna librería ni establecimiento de la localidad vendan la novela. O aún no la conocen, o parece que funciona aquello de que nadie es profeta en su tierra. La que sí estaba en lo cierto era la empleada de la gasolinera. El último crimen registrado en Villanueva de la Cañada ocurrió el 23 de septiembre de 2008, pero antes se remontó hasta 1999. En ambos casos se trataba de mujeres asesinadas por sus maridos, nada que ver con los homicidios que suceden en la novela. El aviso también cuenta con un enorme lago junto al que se alza un ejemplar de sauce llorón de gran porte. Este sitio idílico se reduce en la realidad. El visitante de Villanueva puede ver parte de ese paraje en el parque de la Baltasara. "Realmente no es ni de cerca tan grande como el que aparece en la novela. Aunque sí tiene un sauce llorón, en realidad es más bien un estanque decorativo dentro del parque. Yo decidí agrandarlo, convertirlo en algo más señorial", dice el autor. Las licencias de Paul Pen convierten a la Universidad Alfonso X El Sabio en la del Noroeste. "Puede ser fácilmente el lugar más importante de la localidad porque ha convertido Villanueva en lo que es hoy y define constantemente su población, mayoritariamente estudiante", comenta el autor. Algo parecido ocurre con el hospital universitario, donde uno de los personajes permanece en coma. El centro médico se encuentra en Brunete, el municipio próximo a Villanueva. Las calles y las casas también contribuyen a generar el ambiente de la novela. Una novela negra en un pueblo pequeño donde el sol se pone en un ambiente tranquilo. Nada que ver con los avisos que recibe Leo en las 328 páginas que protagoniza.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Dos franceses en Guatemala

Hace unos días llegaron unos buenos amigos franceses. Era la primera vez que pisaban suelo patrio. Ella ofrece clases de español en su país y ha leído mucho sobre Guatemala. Pero, claro, ahora que vieron con sus propios ojos y caminaron por ciertas zonas del país, han conocido, como quien dice la “mera realidad”. Ellos portaban una ilustrada agenda con cifras que consideraban reales, como precios de hoteles y de transporte colectivo. Algunos datos ya estaba desactualizados, otros vigentes. Ellos vienen de un país en el que si anuncian que el tren va a salir, por ejemplo, a las 11:47, a esa hora sale y punto. No hay otra. Si dice un precio en el menú de un restaurante, eso cobran y punto. Las leyes se cumplen en su mayoría y como quien dice todo funciona de maravilla. Cuando las personas se acostumbran a vivir con la certeza de que su quehacer diario vale la pena y vale el esfuerzo, pues más adelante será retribuido. Y no me refiero solamente al Gobierno, sino a la Empresa Privada y los demás poderes de la sociedad. Me parece que ése es uno de los puntos vitales de Guatemala: la falta de certeza o la frustración de que todo lo que se haga no va a tener una respuesta agradable, sino todo lo contrario. Digamos que salimos a pasear. Uno de los primeros pensamientos es: ojalá no me asalten. Si compramos algo, pensamos: espero que no me estafen y si pagamos algún impuesto, nos decimos: se lo van a robar… Es tan sencillo realizar cambios, la verdad, muy sencillo, la cuestión es empezar por uno mismo. No esperar a que los demás cambien. Si la gente cambia, podría ocurrir que cuando un compatriota llegue a Europa diga: aquí si están fregados no como en mi país… Por otro lado, quiero agradecer a personal del hospital Roosevelt y de Unicar por realizar valiosos esfuerzos para mi papá y hacia otros pacientes que se encuentran recibiendo sus servicios.

martes, 23 de agosto de 2011

Llueve sobre mojado

Hace algunos días cayó granizo. Fue como si nos agarraran a pedradas desde el cielo, pues, tanto los techos de las casas, como de los vehículos vibraron con la caída de estos pequeños tetuntes, que admiraron a muchos y asustaron a otros.
Fue durante casi una hora, especialmente en algunos sectores de la capital, donde se dejó venir el chubasco, que poco a poco se diluyó y le dejó paso al sol.
Si tomo la anterior acción como una metáfora, es decir como una imagen de lo que le ocurre al país, como que queda como anillo al dedo. Comenzaré con el hecho del verbo llover. En Guatemala se utiliza para decir que a uno le llueven problemas, por ejemplo. O que le llovió una golpiza y sobre todo, que le llovió sobre mojado. En todo caso, se utiliza para términos no necesariamente alegres, sino que, por lo general, desastrosos.
Esta semana ocurrieron, “para variar” ciertos sucesos, que en realidad no son metafóricos, sino como quien dice “pura realidad”. Recuerdo el caso de dos hombres que solicitaron auxilio a los bomberos. Les robaron un auto y luego los lanzaron a un barranco. Cuando los apagafuegos los rescataban, más al fondo había otro hombre, que no viajaba con ellos, pero que había sufrido la misma tragedia. También el caso de dos deportistas armenios que fueron abatidos a tiros, aparentemente por un problema de tráfico. Si a lo anterior agregamos los datos que el Grupo de Apoyo Mutuo, GAM, hizo públicos, como que este año ya casi llegamos a los 2 mil asesinatos, los tipos de armas que se utilizan, como las de fuego y blancas; entre otras.


Las cifras son elevadísimas y da escalofrío pensar por lo que pasan diariamente los guatemaltecos que todo el tiempo se rifan la vida en las calles. Si agregamos la violencia intrafamiliar y los casos de varias mujeres que han muerto: el caso de una mujer que fue asesinada junto a su niña, a manos de su propio esposo, quien ya tenía una orden judicial de restricción. En fin, no solamente nos llueve granizo, sino que, entre otras la violencia y otros factores que hacen que la vida cotidiana se convierta en una especie de ruleta rusa. Y si agregamos algo tan absurdo como el penal que le marcaron a nuestra selección, pues entonces, sí que nos llueve por todos lados.

lunes, 8 de agosto de 2011

La promesa del ángel caído

Disfruto plenamente de la lectura de novelas policiales, sobre todo, porque ofrecen casos realmente enigmáticos, los cuales, uno como lector, se siente cómplice para sus resoluciones complicadas e impensables.
He estado leyendo al escritor alemán Friendrich Ani, quien inventó a otro de los clásicos héroes de la literatura detectivesca. Se trata del inspector Süden, quien labora en la oficina de desaparecidos de la Jefatura 11 de Múnich. Süden, más allá de un investigador, es un ser que interpreta los sentimientos, carencias, miedos y demás de todos aquellos que rodean el caso, como familiares, amigos y hasta la misma sociedad. Su claro instinto de sabueso y la forma con la que interpreta forma para esclarecer casos, impensables. Debido a la forma y contenido de sus libros, Ani es un autor que ha sido considerado el más importante en el género policial en su país. Una de sus novelas lleva el título de esta columna.
Intento hacer una relación arriesgada entre realidad y ficción, pues cuando uno se enfrenta a la realidad de un país como el nuestro, los alcances de la imaginación se quedan cortos. Por ejemplo, el caso específico de las personas que desaparecen diariamente y por diversos motivos es más que alarmante. Recientemente la PNC dio a conocer que un promedio de 80 chapines desaparecen al mes. No sé con exactitud cuántos de ellos regresan vivos a sus hogares, ni tampoco quiénes y dónde los buscan.


Las interrogantes de la familia, su búsqueda incansable, la angustia de la incertidumbre, las consecuencias psicológicas, entre otras. Uno de los casos recientes es el de Cristina Siekavizza, la que desapareció desde el pasado 7 de julio. Como lector-ciudadano deseo que los casos sin resolver se esclarezcan de la mejor manera. Como lector, anhelo la esperanza que un día Süden se salga de las novelas y se materialice en Guatemala; como ciudadano, que las autoridades cumplan y que la sociedad en general colabore para lograr lo que en muchas novelas policiales se alcanza con plenitud.

jueves, 4 de agosto de 2011

La patria del criollo

En el quehacer diario de nuestro país los aspectos del pasado se van repitiendo, pero, claro, cada vez, con diferentes actores, pero en esencia los discursos y las acciones continúan siendo las mismas.
Por ejemplo, tras la Conquista y Colonización, siempre hubo carencia de discusión entre, primero, conquistados y conquistadores y más adelante, entre criollos y ladinos o mestizos. No existía un diálogo o concertación, sino más que todo, tomas de decisiones, de quienes ejercían el poder, dictaban a los demás, quienes no les quedaba más que obedecer. La acumulación de tierras por parte de los españoles, el repartimiento de “indios” y la exterminación e intento de conversión al cristianismo fue discutida hasta la saciedad y hasta hubo opositores a ese pensamiento, tal el caso de fray Bartolomé de las Casas.



Traigo a colación lo anterior, tomando en cuenta que el mapa social de Guatemala, sus actores y las decisiones que se toman, también manejan estos discursos coloniales, tal y como ocurría hace tres siglos.
En los pasados días escuché una graciosa entrevista que le fue realizada a través de una radio al alcalde de la Capital. Quienes realizaron la entrevista intentaron dialogar, cuestiones y hasta ponerle ciertos panoramas a su entrevistado con tal que hablara, flaqueara y hasta confesara ciertos aspectos de su administración. Sin embargo, el entrevistado, de manera simpática y con todos los mecanismos de hacerse los quites a las peguntas, tipo Matrix, respondió desde un punto de vista que no ofrecía ninguna posibilidad de moverse en su postura. Los entrevistadores, haciendo gala de sus conocimientos, intentaron a toda costa, pero creo que al final de cuentas, fueron infructuosos todos sus intentos, pues, en algunos temas no estaban preparados o quizá pensaron que el entrevistado no lo estaba. Al final de la conversación me quedó un sabor a añejo en la boca. La capacidad de diálogo en nuestro país sigue tal y como hace muchos años. Quizá esta entrevista me dio esa pauta, pero en otros campos también es evidente que ocurre. Es como si se hubieran transmitido las conversaciones entre criollos y ladinos. Seguramente los primeros no argumentaban, sino ordenaban, por su parte, los otros, o se callaban o hablaban, pero no delante de él.

jueves, 21 de julio de 2011

Gogo No Eiko

El título de esta columna es el nombre original en japonés de la novela El marino que perdió la gracia del mar, del extraordinario escritor nipón Yukio Mishima. La edición que comento corresponde a la Primera reimpresión (2003) de Alianza Editorial, Madrid.
Cuando uno de lector se enfrenta a un escrito japonés, sea narrativa, prosa, ensayo o cine, de antemano se sabe que hay por lo menos un par de elementos que serán parte del ambiente o los propios personajes lo ponen de manifiesto: la muerte y la guerra.


El marino que perdió la gracia del mar (1963) es una novela fundamental para conocer la maldad. Quizá sea eso: un canto a la maldad. Pero no es una maldad construida por cientos de balas, disparos o misiles. Es la maldad de un adolescente (Noboru) (¿Recuerdan El señor de las moscas o El espinazo del diablo?, quien junto a una pandilla de amigos le ponen de manifiesto, especialmente en sus seres queridos. La fábula está elaborada de manera sencilla: Fusako, la madre de Noboru ha enviudado. Ella dirige una famosa tienda de ropa ubicada en Yokohama, donde las principales actrices japonesas compran. Un día conoce al marinero Ryuji Tsukazaki. Entablan un romance hasta que deciden casarse. Noboku duerme en una habitación ubicada a la par de su madre. Descubre un agujero por el que la espía, primero a ella y luego a ambos. Cuando es descubierto, Fusako le pide a su nuevo esposo que, para realizar la primera función como padre, lo castigue. Sin embargo Ryuji lo perdona. Esta actitud es depreciada por el propio Noboku, quien recurre a la pandilla de amigos y decide efectuar una sentencia contra el marinero. Mishima nació el 25 de enero de 1925. El 25 de noviembre de 1970 se decapitó. Dejó una importante obra literaria, novelas como: Confesiones de una máscara, 1948; El rumor del oleaje, 1956; Después del banquete, 1960, entre otras.

lunes, 18 de julio de 2011

La muerte se sentó sobre nuestro cielo


La semana que acaba de concluir estuvo impregnada de muerte, quizá como la anterior, como la penúltima, como las de junio, mayo, en fin, como las de todo el año; quizá como las de todos los años. De cualquier manera, la muerte nos visita y pareciera que se sentó frente al territorio nacional y está esperando, por cualquiera de nosotros. Agazapada, sonriendo. Tal vez con una hoz en s

u brazo derecho. O, mejor, con una sonrisa malévola, similar al escalofrío.
De todos es sabido ya el asesinato de Facundo Cabral, cantautor argentino, quien tras brindar varios conciertos en nuestro país, fue baleado minutos antes de llegar al aeropuerto. Fue un trovador, perteneciente a la Nueva Canción Latinoamericana. Junto a otros grandes se expresó contra toda forma de opresión. Por otro lado, también el deceso de Alfonso Bauer Paiz, revolucionario, digno, héroe nacional, que tras sortear grandes dificultades en su vida, como la pérdida de una hija, el exilio, la persecución y hasta atentados, se convirtió en un ejemplo de vida e inspiración para todos aquellos que aún creemos que el mundo debe verse con ojos sociales. También el fallecimiento de Francisco Villagrán Kramer, un intelectual, catedrático y visionario, quien escribió muchos textos clásicos para comprender mejor nuestra sociedad. Pero, sobre todo, también, otros muchos guatemaltecos mueren a diario, algunos, de la enfermedad común denominada plomo. Hasta el cielo ha estado gris, como que el ambiente en la calle, en los trabajos, centros de estudios, ha estado mustio, escéptico. Más de alguno ha pensado salir huyendo al primer país que se le ocurra, otros han tomado precauciones y no pocos, les basta con rezar. Quiero dejar como manifestación de mi congoja y sobre todo aprecio para estos tres valiosos seres que fallecieron y para quienes también mueren a diario. Unos versos del poeta peruano Javier Heraud: “Quiero que salgan dos geranios de mis ojos/ de mi frente dos rosas blancas/ y de mi boca, por donde salen mis palabras,/ un cedro fuerte y perenne/ que me dé sombra/ cuando arda por fuera y por dentro/ que me dé viento/ cuando la lluvia desparrame mis huesos./ Echadme agua, todas las mañanas,/ fresca y del río cercano / que yo seré el abono/ de mis propios vegetales.”.

jueves, 14 de julio de 2011

Los perros de Riga

En las costas del mar Báltico, específicamente en Ystad, al sur de Suecia, aparece, durante una mañana de febrero, un bote salvavidas con los cadáveres de dos hombres, que aparentemente han sido asesinados. A través de autopsias, los forenses determinan que los cuerpos, los que presentan heridas provocadas por armas de fuego, no son suecos: son letones. Con esos datos, más los recabados por el mítico inspector Kurt Walllander, inicia esta saga, creada por Henning Mankell y que confirma que la novela policíaca continúa siendo el género por excelencia.


Mankell, nació en Estocolmo en 1948; ha escrito literatura infantil y desde hace muchos años dirige el Teatro Avenida de Maputo en Mozambique, pero es el género negro, el que le ha dado la oportunidad de obtener importantes reconocimientos, adaptaciones televisivas y traducciones a más de 23 idiomas.
A través de la serenidad de Wallander, la forma extraordinaria de sus deliberaciones, intuiciones y resoluciones de los casos más sangrientos y perfectamente planificados, cada una de estas más de 10 novelas que contiene esta saga, se presentan como mejor que su predecesora. En el caso de Los perros de Riga, Wallander, logra descubrir la identidad de los cuerpos encontrados y para eso viaja a Letonia. La novela está ubicada en 1991, durante un proceso de restablecimiento de la democracia. Logra contacto con las más altas autoridades políticas de ese país, quienes se convierten en su aliado, pero a la vez sus más profundos enemigos para resolver ese caso, que va tomando cada vez más un tinte político. Es en esta novela cuando Wallander conoce a Baiba Liepa, la esposa de uno de los asesinados y que se convierte en una mujer determinante para este inspector sueco, que durante esos días ha atravesado serios problemas de salud, la estresante relación con su hija y la desatención que le presta a su anciano padre. Si usted quiere ser cómplice de la resolución de este caso, lo invito a que se adentre a las páginas de esta novela, que lo sorprenderá a lo largo de sus múltiples acontecimientos.

lunes, 11 de julio de 2011

Combos familiares

Si la palabra combo le es conocida, seguramente será por varias razones. Una de ellas es la gama de promociones que realizan restaurantes, diversos almacenes, pasando por paquetes de viajes hasta hoteles.

Una de sus definiciones del diccionario es un “lote de varias cosas que vienen juntas o que se venden por el precio de una”. De tal manera que si usted llega a alguno de los lugares donde se promueve, encontrará que es “mejor para el cliente” aprovechar los servicios de combos familiares, ya que de esa manera se puede ahorrar un poco de plata.
Otra oferta de combo es la de los viajes: si va con fulano y mengano o se viaja con niños o con la suegra, entonces, puede aprovechar estas promociones.



Traigo a colación lo anterior, pues la “oferta” electoral que ofrecen los candidatos para las próximas elecciones viene con combos familiares. Casi, casi como restaurante de comida rápida o agencia de viajes. Si usted se percata de la gama de apellidos que encabezan listados, carteles y publicidad, notará que muchos partidos ofrecen los benditos combos. Digamos que usted quiere que su candidato llegue a presidente, también puede optar para que el hijo sea alcalde. O, si usted preferiría que perencejo llegue a alcalde, pues que su compañera llegue a presidente. Otros combos familiares se promueven también entre divorciados y esposos: él a la alcaldía, ella al Congreso o viceversa. Pero los votantes también encontrarán con ofertas que, aunque son combos familiares, digamos, que no son del mismo color y el mismo simbolito. Es decir son antagonistas como por ejemplo, encontramos con que una es madre y el otro su hijo; una hermano contra la otra; tíos con sobrinos, familiares políticos o hasta la ex de alguno que ya estuvo en la guayaba. Entonces, quien emitirá su sufragio tendrá que escoger entre uno u otro. Algo así como cuando uno ya pidió arroz y la señorita le dice: “no se puede, tiene que tomar otra opción, le ofrecemos verdura o”… ¡Ah, la política y los combos familiares, a ver si traen postre!

jueves, 7 de julio de 2011

Roque Dalton en la memoria

Si tuviera que resumir la poesía clásica centroamericana en pocos nombres diría: Landívar, Batres, Darío, Cardoza, Brenes Mesén, Cardenal, Sosa, y por supuesto Roque Dalton, quien, no me cabe duda, es uno de los poetas más importantes de América Latina (nacido en San Salvador el 14 de mayo de 1935 y asesinado por sus propios compañeros de la guerrilla el 10 de mayo de 1975).
Dalton escribió poemas hermosísimos, ingeniosos, breves y capaces de asombrar o de rechazar, inmediatamente a sus lectores como “Más bien presumidillo: Yo soy el gallo/ de la gallina de los huevos de oro”. Son muchas sus obra, pero mencionaré Las historias prohibidas del Pulgarcito (prosas y poemas, 1974), Pobrecito poeta que era yo (novela, 1976), Poemas clandestinos (poesía, 1980), Un libro rojo para Lenín (1986), Un libro levemente odioso (poesía, 1988).


Su poesía permeó los intersticios más escondidos de la mayoría de poetas jóvenes centroamericanos que lo siguieron, algunos con virtud otros, no tanto y pocos que se quedaron en la emulación de un discurso roqueano muy mal logrado. Lo que sí es cierto es que la fuerza de su palabra y la actitud de vida que siempre tuvo como el humor, su entrega a la revolución y a su país, ofrecen una marca clara a sus versos y a su narrativa.
Quizá es el poeta centroamericano más antologado, su vida y su obra son objeto de innumerables estudios, filmografía y demás.
Fue encarcelado varias veces; incluso detenido en 1960 en el aeropuerto La Aurora; vivió en el exilio en varios países y sus anécdotas son tan increíbles como sus poemas, pues más de alguna vez, mientras permanecía encarcelado esperando al batallón de fusilamiento, hubo un terremoto en su país, la cárcel cayó y el poeta pudo salir. Dios, a veces, es misericordioso con los poetas.
Les dejo uno de sus más enigmáticos poemas
Poema de amor
Los que ampliaron el Canal de Panamá

(y fueron clasificados como “silver roll” y no como

“gold roll”)

Los que repararon las flota del Pacífico

en las bases de California,

los que se pudrieron en las cárceles de Guatemala,

México, Hondura y Nicaragua,

por ladrones, por contrabandistas, por estafadores,

los siempre sospechosos de todo

(“me permito remitir al interfecto

por esquinero sospechoso

y con el agravante de ser salvadoreño”)

las que llenaron los bares y burdeles

de todos los puertos y las capitales de la zona

(“La gruta azul”, “El Calzoncito”, “Happyland”)

los sembradores de maìz en plena selva extranjera,

los reyes de la página roja,

los que nunca nadie sabe de dónde son,

los mejores artesanos del mundo,

los que fueron cosidos a balazos al cruzar la frontera,

los que murieron de paludismo

o de las picadas del escorpión o la barba amarilla

en el infierno de las bananeras,

los que lloraron borrachos por el himno nacional

bajo el ciclón del Pacífico o la nieve del norte,

los arrimados, los mendigos, los marihuaneros,

los guanacos hijos dela gran puta,

los que apenitas pudieron regresar,

los que tuvieron un poquito más de suerte,

los eternos indocumentados,

los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo,

los primeros en sacar el cuchillo,

los más tristes del mundo,

mis compatriotas,

mis hermanos.

martes, 5 de julio de 2011

Las calamidades del tránsito

La semana pasada mencionaba lo relacionado con los sufrimientos de los pasajeros en el transporte colectivo. No cabe duda que es un tema diario y que no solamente atañe a pasajeros, sino también a conductores y a peatones. Por lo general, en muchos accidentes, siempre hay alguien que iba pasando por allí, que casualmente pasaba o, como le dicen a los papás de muchachos involucrados en accidentes: “qué andabas haciendo por allí”.
El caso es que debemos tener conciencia de que somos un país accidentado y no me refiero solamente accidentes geográficos, sino a choques, embestidas, desbarrancamientos, colisiones, atropellamientos, entre otros.



Para muestra, las estadísticas recabadas por los Bomberos Voluntarios (BV), los que aseguran, según su oficina de relaciones públicas, que durante este año, hasta el finado mes de junio, se han producido aproximadamente 18 mil 107 accidentes. Esta estadística incluye, desde los pesados tráiler hasta las livianas bicicletas. Es decir que aproximadamente, cada mes ocurren 3 mil 20 accidentes. Si somos más delimitados, nos daremos cuenta que cada día llegamos a los 100 accidentes. Por ejemplo, el año pasado hubo 33 mil 423 accidentes y durante el 2009, 30 mil 423, las cifras son espeluznantes. Según Edgar Guerra, de la Asociación de Usuarios de Transporte Urbano y Extraurbano, en cuanto a los accidentes colectivos, no existen las garantías de ley para que los pasajeros viajen tranquilamente. El exceso de velocidad, la famosa peleada de pasaje… Algunos conductores no están capacitados, otros, ni siquiera “existen”, es decir, para los incidentes se dan a la fuga y nadie, ni los dueños, saben qué pasó con fulano, que tras chocar, huye, dejando a la gente, herida, muerta y desconsolada. Por eso es que urge que, entre otras, exista un registro de pilotos y ayudantes, capacitaciones y sobre todo concienciación para aquellos que tienen en el volante la oportunidad de salvar o quitarle la vida a quienes necesitan de sus servicios.

lunes, 27 de junio de 2011

Transporte urbano: asesinatos colectivos

Hace un par de semanas viajaba con mis dos pequeñas hijas por tierras chimaltecas. Específicamente un miércoles por la tarde, cuando las llevé a comer algo sabroso y un par de helados, de fresa y chocolate.
Sin embargo, el viaje de retorno tuvo una impactante experiencia para mi persona. A pesar que durante casi 20 años fui reportero, nunca había presenciado un accidente de alto impacto; menos ahora con mis hijas a la par mía. Viajábamos por el kilómetro 48 cuando una camioneta de servicio extraurbano, un camión y un picop impactaron casi al lado nuestro. Mis pequeñas escucharon mi exclamación y de inmediato preguntaron ¿qué está pasando? Mi respuesta inmediata, seguramente influenciada por la película Bella Época, fue decirles que era un baile de carros. A pesar que hubo lamentos y hasta alaridos de los pasajeros, no tuve el suficiente “valor” para explicarles la tragedia que le ocurría a los afectados, quizá por miedo a lastimarlas, quizá por protección. De inmediato llamé a los bomberos y conforme íbamos avanzando, ya les expliqué que había ocurrido un accidente y que es un deber como ciudadano dar parte o alertar a los cuerpos de socorro.
Los tres autos, que tras impactar avanzaron despacio, contravía y la camioneta encunetada, me ofrecieron una imagen cotidiana y recurrente en nuestras carreteras. Por años y años hemos leído o escuchado en las noticias de cientos y hasta miles de colisiones, en las que, en muchos casos mueren decenas de compatriotas, cuyo único delito ha sido tomar un bus que los transporte a su casa o al trabajo. Subirse a un bus colectivo, se ha convertido, en muchas ocasiones, como caminar por el corredor de la muerte. No solamente los pasajeros reciben, cotidianamente, malos tratos, sino miedo a ser asaltados o también, a que al conductor se le ocurra desconectar el bus, para ahorrarse unas gotas de gasolina y deslizarse hacia el viaje sin retorno.



A raíz de la experiencia y las ganas que me dieron de compartirlo, he conversado con periodistas, bomberos y con Edgar Guerra, de la Asociación de Usuarios de Transporte Urbano y Extraurbano. Me ofrecieron estadísticas y algunos datos valiosos que compartiré con gusto, la próxima semana.

lunes, 20 de junio de 2011

Padres a toda madre

Me gustaría recordar a aquellos padres que están lejos de sus hijos, a los que, por alguna u otra razón no los pueden ver cotidianamente, o quienes han tenido la suerte de crecer con un papá. Cuando pensamos en el significado que tiene un padre para un hijo, podemos pensar en que es un ser de voz ronca e imponente, que se enojó con nosotros por las primeras travesuras. Claro, quizá por dentro se mató de la risa, pero tenía que imponer el orden. También pudo ser aquel que por vez primera nos prestó su auto o su moto para manejarla y a quien se la chocamos o se lo devolvimos con el tanque vacío de combustible. Fue el primero con el que comenzamos a soñar con ser Pelé, Platini o Maradona durante las chamuscas.




Es muy probable que él autorizara la primera excursión del colegio y hasta nos dio bien doblado un billete para que invitáramos a la chica más guapa de la clase. Es muy probable que sea con quien primero hablamos de sexualidad, del rechazo o aceptación de las chicas en aquellos repasos de los ochentas. El que alguna vez en complicidad firmó la libreta de calificaciones sin hacer ningún comentario sobre las notas menores a 60. Un ser que se desaparecía por largas jornadas, a veces días, semanas o meses y que regresaba a casa, siempre con una sonrisa y con la fuerza de escuchar las aventuras del Zorro o el Llanero Solitario. Un personaje que nos pudo haber dicho qué vas a estudiar en la universidad. Estudiá mucho para que un día salgás adelante, algunos de nosotros no pudimos hacerlo. Tal vez un ser que nos resolvió nuestros primeros tropiezos con la mecánica o con la fusión de elementos químicos. Quizá aquel que se fue. Solamente tenemos su recuerdo sentado a la mesa del comedor, leyendo el diario y viendo de reojo que nos terminábamos los frijoles. Tal vez aquel que ya nunca vio a sus nietos, pero que supo que alguno se iba a parecer a él y hasta le pondrían su nombre. O uno que se fue para el Norte y que llama en escondidas desde los teléfonos públicos. O quizá, quien apenas comienza con la experiencia y suda cuando cambia un pañal o llora cuando un o una pequeña le dice te quiero. Un padre a toda madre.

martes, 14 de junio de 2011

El hombre que parecía un caballo (texto vanguardista fundacional)

Otro de los elementos vanguardistas encontrados en El hombre que parecía un caballo es la incursión que se realiza al mundo de lo misterioso y lo desconocido, que a pesar de haberse iniciado en el simbolismo a finales del siglo XIX, los surrealistas lo tomarán años más tarde, a principios de la década de 1920. Para los primeros, lo referente a lo oculto, equivalía a la suprema verdad, mientras que para los segundos, todo lo que era racional, equivale a falsear la realidad. Es por eso, que para alcanzar la realidad, los surrealistas recurrieron básicamente al sueño inducido o al sueño hipnótico, el espiritismo, combinado con la telepatía, como lo señala el manifiesto.

“...ello es así por cuanto el pensamiento humano, por lo menos desde el instante del nacimiento del hombre hasta el de su muerte, no ofrece solución de continuidad alguna, y la suma total de los momentos de sueño, desde un punto de vista temporal, y considerando solamente el sueño puro, el sueño de los períodos en que el hombre duerme, no es inferior a la suma de los momentos de realidad, o, mejor dicho, de los momentos de vigilia. La extremada diferencia, en cuanto a importancia y gravedad, que para el observador ordinario existe entre los acontecimientos en estado de vigilia y aquellos correspondientes al estado de sueño, siempre ha sido sorprendente”. (1985: 26)

Por su parte, Arévalo Martínez más que crear una atmósfera, la describe. Coincidimos en lo señalado por Herszenhorn , en cuanto a que Arévalo Martínez va camino del surrealismo con su texto:

“Después del ritual de preparación cuidadosamente observado, caballero iniciado de un antiquísimo culto, y cuando ya nuestras almas se habían vuelto cóncavas, sacó el cartapacio de su versos con la misma mesura unciosa que se acerca el sacerdote al ara”. (1997: 6)

También estamos de acuerdo con el crítico en que lo que ocurre en el anterior párrafo es que el Poeta está preparando al público para que escuche sus versos a través de la hipnosis. Este recurso fue utilizado hasta la saciedad por los surrealistas a tal grado que años más tarde las descartaron, como explicó Bretón por varias razones:

“...influyeron consideraciones del tipo de la más elemental higiene mental. La excesiva utilización, al principio, de la escritura automática tuvo como resultado situarme, por mi parte, en algunas disposiciones alucinatorias inquietantes contra las cuales tuve que reaccionar rápidamente”. (1970: 93)

En el siguiente párrafo, el narrador relata la forma de comunicación, a través de una especie de transfusión de sensibilidad por medio del tacto, entre él y Aretal:

“Nuestras almas se comunican. Yo tenía las manos extendidas y el alma de cada uno de mis diez dedos era una antena por la que recibía el conocimiento del alma del señor de Aretal. Así supe de muchas cosas no conocidas”. (1997: 8)

De esta forma y mediante el espiritismo del narrador no solamente logra comunicarse con Aretal, sino que puede recibir lo desconocido que proviene del fondo de su espíritu. Nótese que el mismo poeta sirve de médium en la comunicación del narrador con aquellos que no están en el momento de la conversación entre narrador y Poeta:

“Y yo, en aquellos instantes, me asomé al pozo del alma del señor de los topacios. Vi reflejadas muchas cosas... ¡Oh las cosas que vi en aquel pozo! Ese pozo fue para mí el pozo mismo del misterio...Ese pozo reflejaba el múltiple aspecto exterior en la personal manera del señor de Aretal... pero sobre todo se reflejaba la imagen de un amigo ausente, con tal pureza de líneas y tan exacto colorido que no fue uno de los menos interesantes atractivos que tuvo para mí el alma del señor de Aretal, este paralelo darme el conocimiento del alma del señor de la Rosa, el ausente amigo tan admirado y tan amado”. (1997: 7)

El narrador se siente atraído durante esos trances y eso lo obliga a retomar esas sesiones espiritistas que se van convirtiendo en hábito, tal y como ocurrió más tarde con los seguidores del surrealismo. Es por eso que cuando el narrador abusa de esas experiencias, culmina en alucinaciones. Para Herszenhorn esas visiones no son más que una desmitificación del poeta y actúan en sentido inverso a la comunicación espiritual. Por ello es que a medida que Aretal se convierte en caballo, el narrador se va dando cuenta de los bajos instintos que dominan al poeta y por lo que se llega a la realidad a través de la imaginación y la “captación de lo irracional. No hay por lo tanto—asegura el crítico—, la dignificación del espíritu que el surrealismo profesa y busca a través del inconsciente.
Aunque compartimos algunos puntos de vista de este crítico, agregamos que los elementos de Arévalo propone en su obra se convierten en una especie de semillas que comienzan a volar en el aire para germinar más tarde en autores surrealistas, sin que precisamente hayan tenido que leer la obra de Arévalo Martínez. Sin embargo, esto sí pudo haber ocurrido en autores centroamericanos, que leyeron El hombre que parecía un caballo, pues fue publicado en varios países del área como lo mencionamos al principio del capítulo.
Otro elemento es una de las manifestaciones de rechazo que el autor manifiesta hacia el modernismo. Movimiento que cuando se publica la obra está llegando al final de su apogeo. Lo que detallamos a continuación ocurre cuando, primero el narrador percibe una luminosidad en la poesía de Aretal, pero seguidamente se da cuenta que es únicamente una belleza superficial, pero que ambos, poeta y poemas, son vacíos por dentro:

“Sacó su primer collar de topacios o, mejor dicho, su primera serie de collares de topacios, traslúcidos y brillantes. Sus manos se alzaron con tanta cadencia que el ritmo se extendió a tres mundos. Por el poder del ritmo, nuestra estancia se conmovió toda en el segundo piso, como un globo prisionero, hasta desasirse de sus lazos terrenos y llevarnos en un silencioso viaje aéreo. Pero a mí no me conmovieron sus versos, porque eran versos inorgánicos . Eran el alma traslúcida y radiante de los minerales; eran el alma simétrica y dura de los minerales.” Y sacó el cuarto, el quinto, fueron de nuevo topacios, con gotas de luz, con acumulamientos de sol, con partes opacas radiosas”.(1997: 6)

Con esto demuestra que la poesía de Aretal cae en el parnasianismo y la estética modernista, pues las amatistas, ópalos, esmeraldas, rubíes y otras piedras preciosas simbolizan su poesía preciosista. Aunque al principio el narrador se deslumbra ante la poesía de Aretal, se extiende como un sábana blanca y considera mesías al poeta, más tarde, irónicamente y como ya lo hemos visto, el mismo Aretal se tansforma en caballo. El narrador se detiene más en la psicología y la animalización del personaje, que en sus propios versos. Es un claro rechazo a la corriente modernista.
El surrealismo, además de romper la lógica dentro del texto deja conceptos incompletos y en suspenso, propone la penetración al espíritu pero no así la develación de lo que se encuentra en su interior, como lo expresa Breton en su citado Manifiesto:
“Si las profundidades de nuestro espíritu ocultan extrañas fuerzas capaces de aumentar aquellas que se advierten en la superficie, o de luchar victoriosamente contra ellas, es del mayor interés captar estas fuerzas, captarlas ante todo para, a continuación, someterlas al dominio de nuestra razón, si es que resulta procedente. Con ello, incluso los propios analistas no obtendrán sino ventajas. Pero es conveniente observar que no se ha ideado a priori ningún método para llevar a cabo la anterior empresa, la cual, mientras no se demuestre lo contrario, puede ser competencia de los poetas al igual que de los sabios, y que el éxito no depende de los caminos más o menos caprichosos que se sigan”. (1985: 26)
Arévalo Martínez narrador se interna en el alma de Aretal, quizá no se plantea un enigma pero crea en la narración una atmósfera de incertidumbre. Para comprenderlo mejor tomaremos siguiente párrafo, que ya hemos visto líneas arriba:
“Y yo, en aquellos instantes, me asomé al pozo del alma del Señor de los topacios... ¡Oh las cosas que vi en aquel pozo! Ese pozo fue para mí el pozo mismo del misterio. Asomarse a un alma humana, tan abierta como un pozo, que es un ojo de tierra, es lo mismo que asomarse a Dios. Nunca podemos ver el fondo. Pero nos saturamos de la humedad del agua, el gran vínculo del amor; y nos deslumbramos de la luz reflejada ”. (1997: 7)

De esa manera Arévalo Martínez se vale de lo que oculta Aretal cuando dice, “Ese pozo fue para mí el pozo mismo del misterio”, pues la misma profundidad del alma oscura del poeta le provoca la sensanción de que nunca observará nada en el fondo. Ese misterio es parte de la imagen manejada por los surrealistas, pues en la mayoría de casos, estas imágenes no pueden explicarse claramente. Breton lo señala en el manifiesto citado anteriormente:

“No voy a ocultar que para mí la imagen más fuerte es aquella que contiene el más alto grado de arbitrariedad, aquella que más tiempo tardamos en traducir a lenguaje práctico, sea debido a que lleva en sí una enorme dosis de contradicción, sea a causa de que uno de sus términos esté curiosamente oculto, sea porque tras haber presentado la apariencia de ser sensacional, se desarrolla después débilmente (que la imagen cierre bruscamente el ángulo de su compás), sea porque de ella se derive una justificación formal irrisoria, sea porque pertenezca a la clase de las imágenes alucinantes, sea porque preste de un modo muy natural la máscara de lo abstracto a lo que es concreto, sea por todo lo contrario, sea porque implique la negación de alguna propiedad física elemental, sea porque dé risa”. (1985: 59)

Consideraremos ahora el elemento onírico que aparece en el texto, como otro rasgo vanguardista mediante dos viajes, uno de ellos cuando indica que “Por el poder del ritmo, nuestra estancia se conmovió toda en el segundo piso, como un globo prisionero, hasta desasirse de sus lazos terrenos y llevarnos en un silencioso viaje aéreo. (1997: 6); y el otro, en el que también se mueven ambos personajes a través de otro objeto que se aparece en el relato, a través del discurso del protagonista, cuando señala:

“Y entonces, como a la rotura de un conjuro, por aquel acto de violencia, se deshizo el encanto del ritmo; y la blanca navecilla en que volábamos por el azul del cielo, se encontró sólidamente aferrada al primer piso de una casa”. (1997: 7)

En el primero, el narrador y poeta huyen de la realidad a través de un globo que va por el aire para regresar a la habitación; en el segundo, cuando aparentemente viajan en una embarcación, esta los transporta de nuevo al plano terrenal y en la que descienden al primer piso de una casa, cuando se rompe el hechizo del ritmo de los versos del poeta.
El hombre que parecía un caballo, al ser publicado en 1915 y contener suficientes características, discursos y personajes con características surrealistas, se convierte en el primer texto vanguardista en narrativa de la literatura de América Central. Arévalo Martínez funda un nuevo concepto dentro de la literatura de su época, en la que rompe con el modernismo y abre la puerta a la vanguardia.
Arévalo Martínez se adelanta a lo establecido por el canon, que constantemente señala que las vanguardias arrancan a finales de la década de 1920 en América Central, pues al producir una obra con rasgos innovadores como la falta de lógica, la atemporalidad, el buceo en el subconsciente y el psicozoomorfismo, inaugura una narrativa, que años más tarde será retomada por otros escritores.
La narración se convierte en vanguardista, además, porque rompe con la literatura tradicional modernista que se publicaba en las primeras dos décadas del siglo XX en el área centroamericana de una técnica narrativa tradicional salta hacía una de vanguardia, ya que desplaza a sus personajes en un mundo en donde todo parece ilógico y absurdo. El narrador se sumerge en un mundo, que a pesar de verlo con especulación, aparece raro, ambiguo, insólito. La atmósfera queda relegada, incluso no importa y pasa desapercibida de tal manera que el sitio donde se desarrolla no interesa al lector. El tiempo tampoco parece ser relevante, por lo que el texto ofrece más la interioridad de sus personajes. Coincidimos con la propuesta de la crítica guatemalteca Ana María Urruela de Quezada, quien señala que la narración pasa a ser una descripción casi estática de un hecho que ocurre en un ambiente misterioso e insondable, en la mente de los personajes, donde el tiempo y el espacio no interesan, es decir que no es la secuencia narrativa lo que incumbe ni tampoco la vida o un hecho de la vida de los personajes, sino el estado mental de los mismos, su subconsciente.
El narrador se aleja del modernismo, como ya lo observamos en el análisis, pero además ofrece discursos que apuntan hacia la figura estrambótica y anticanónica del personaje Aretal, su apariencia estrafalaria y extraña. En este texto se rompe con la idealización que los modernistas tuvieron hacia la figura del escritor como centro del universo, pues irónicamente el hombre de los “traslúcidos collares de ópalos” se convierte en un caballo.
El hombre que parecía un caballo rompe con la literatura decimonónica también porque sus discursos marcan el inicio de los conceptos y procedimientos teóricos que serán, tras algunos años de su publicación, los que definan una nueva sensibilidad estética como el surrealismo, por ejemplo, que en Europa se gestó en la segunda década del siglo XX.
Esta obra de Arévalo Martínez ofrece una profunda indagación en el campo de la sicología, especialmente en el personaje de Aretal, al cual el narrador lo observa de esa manera con el fin de dilucidar el sentido de la realidad para constituir la clave central y el objetivo último del texto.
Arévalo Martínez con El hombre que parecía un caballo es uno de los precursores en el área centroamericana de la literatura fantástica, de lo absurdo y de lo conocido para algunos críticos como el género de lo psicozoomórfico. Pero no se queda solamente con esa narración, pues en sus libros posteriores aplica las mismas características, con otros personajes y otros animales, en los que Arévalo Martínez aagudiza los conflictos relacionados entre hombre-animal.
Con El hombre que parecía un caballo, se abandona el localismo y se ofrece una visión universal, pues sus discursos apuntan hacia la actividad independiente y la crítica del ser humano, que le da carácter individualidad, pues, como expresamos líneas arriba, es el individuo y no una ciudad o determinada época la que interesa. El texto puede ser analizado desde diversas perspectivas y ser leído con varias posibilidades de interpretación, pues el tema es de un lugar en específico: la interioridad. Así es que puede ocurrirle a cualquier individuo independientemente del lugar en que viva o del idioma que hable o la religión que profese.
Finalmente expresaremos que el texto de Arévalo Martínez merece un lugar dentro del canon de la vanguardia hispanoamericana, ya que además de ofrecer elementos que se adelantaron cronológicamente a corrientes europeas como el surrealismo, también contiene una inmersión en el mundo de la sicología del personaje que antes no había sido utilizada por ningún otro autor del área.

El hombre que parecía un caballo (discursos surrealistas)

Es un texto narrado en primera persona del singular. Desde el principio aparecen elementos surrealistas, que diez años después de su publicación, los seguidores de este movimiento apuntaron en sus manifiestos, tales como romper con la lógica, profundizar en el interior del personajes, propiciar en la atmósfera de la narración un aire misterioso y al azar en el discurso. Tendremos en cuenta los postulados del surrealismo, uno de los “ismos” de las literaturas de vanguardia, para el análisis de este texto y “el sueño de serafín del carmen”, “Pequeña sinfonía del nuevo mundo”, de Rogelio Sinán y Luis Cardoza y Aragón, respectivamente.
El surrealismo se organizó y se formuló entre los años 1924 y 1925. El movimiento surrealista, conocido como disidente del Dadá, tomó ese nombre del subtítulo que puso Guillaume Apollinaire a su obra de teatro Les mamelles de Tiresias, “drama surrealista”.

Fue el autor francés André Breton, quien se convirtió en el padre del surrealismo. Según lo expresa la crítica era el propio Breton quien decidía si algún artista ingresaba o no al movimiento. Breton dictó los aspectos teóricos del surrealismo y publicó tres manifiestos entre 1924, 1930 y 1942. Aunque cada uno de ellos refleja el estado de este movimiento en las distintas épocas, los tres no constituyen un programa teórico de trabajo. Únicamente, el primero, publicado como Manifiesto Surrealista, en 1924, propone un programa y métodos de trabajo, los que utilizaremos para nuestros análisis.
Uno de los postulados del Manifiesto Surrealista formula precisamente romper con la lógica, la escritura automática, es decir el dictado del pensamiento sin la mediación de la razón:

“SURREALISMO: sustantivo, masculino. Automatismo psíquico puro por cuyo medio se intenta expresar verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral”. (1985: 44)

Lo anterior ocurre en este texto de Arévalo Martínez. Tomaremos como ejemplo una de las primeras líneas, en las que el narrador comienza a plantear la narración desde el punto del parecer y no del ser, lo que lo hace comenzar a construir al Poeta según lo que su conciencia le indica, veamos:

“Pero mi impresión de que aquel hombre se asemejaba por misterioso modo a un caballo, no fue obtenida entonces sino de manera subconsciente...”. (1997: 5)

Esta obsesión o deslumbramiento del narrador (yo) hacia el poeta y el desencanto, es precisamente la única acción definida y concreta que transcurre en el texto, pero estos hechos sucede de manera subjetiva. Lo primero ocurre cuando el protagonista conoce a Aretal y escucha su lectura de poemas:

“En un principio de deslumbramiento, yo me tendí todo, yo me extendí todo, como una gran sábana blanca, para hacer mayor mi superficie de contacto con el generoso donante”. (1997: 5)

El desencanto sucede prácticamente cuando se anuncia el rompimiento de la relación entre ambos: “Me separé del señor de los topacios, y a los pocos días fue el hecho final de nuestras relaciones. Sintió de pronto el señor de Aretal que mi mano era poco firme, que llegaba a él mezquino y cobarde, y su nobleza de bruto se sublevó.” (1997: 14).
El Poeta, desde que inicia la narración parece tener un comportamiento similar a un caballo, hasta que llega al final del relato a comportase como uno verdadero, que es cuando rompe con la relación del narrador a quien le propina una descomunal coz: “Sentí sus cascos en mi frente. Luego un veloz galope rítmico y marcial, aventado las arenas del Desierto”. (1997: 14).
Y la relación entre ambos, narrador y Poeta termina, como ya lo hemos señalado anteriormente, también en el campo de la subjetividad. Esta subjetividad ocurre en todo el texto. La relación de los protagonistas se construye en esa subjetividad, es decir en lo consciente e irracional, del lado del subconsciente, como también lo indica una de las premisas de los surrealistas:

“Para empezar, digamos que el espíritu no ha percibido nada conscientemente. Contrariamente, de la aproximación fortuita de dos términos ha surgido una luz especial, la luz de la imagen, ante la que nos mostramos infinitamente sensibles. El valor de la imagen está en función de la belleza de la chispa que produce; y, en consecuencia, está en función de la diferencia de potencia entre los dos elementos conductores.”. (1985: 58)

El texto se presenta en varias secuencias en las que se ponen en juego las relaciones entre el narrador con el poeta-equino, es decir un texto psicozoomórfico, en el que también el narrador entra en el plano de la animalización, por ejemplo cuando expresa: “Las antenas de mi alma se dilataban, lo palpaban, y volvían trémulas y conmovidas y regocijadas a darme la buena nueva...”. (1997: 5)
Para Albizúrez Palma en el psicozoomorfismo el autor crea sus personajes partiendo de una clasificación de ciertos animales a los que atribuye determinadas conductas . Con base en esa tipología se construye el protagonista u otros personajes que tienen semejanzas físicas y psíquicas con esos animales; además, la historia desarrolla y especifica las características propias de esta semejanza, confronta al hombre-bestia con otros personajes, pero con características humanas.
En otras obras de Arévalo Martínez se encontrarán personajes como un hombre-perro, hombre-elefante, hombre-serpiente, hombre-topo, hombres-aves, hombres con cola. En estos textos el autor utiliza el animalismo como un vehículo para construir sus personajes a través de un mundo onírico del subconsciente, en donde utiliza la metamorfosis del hombre como bestia y viceversa.
Aretal es construido por el narrador a todo lo largo del texto con características de un caballo, es decir en el plano de lo absurdo y lo ilógico. Esto es uno de los rasgos fundamentales de un cuento psicozoomórfico. Poco a poco el poeta sufre un acelerado deterioro, es decir abandono de las debilidades humanas y del mundo material. Arévalo Martínez altera estéticamente las leyes de la naturaleza y de la lógica y cede al lector otra realidad perturbadora provocada en el narrador por Aretal. Desde el comienzo de la historia, notamos que los hechos se presentan siempre relacionados con la conducta y las características psico-físicas de un hombre que parece un caballo: “...estaba en un extremo de la habitación, con la cabeza ladeada, como acostumbran a estar los caballos”. (1997: 5)
A partir de este momento el señor de Aretal se nos presenta como una bestia equina, es decir comienza a animalizarse. Así transcurre toda la narración a través de un viaje psicológico. El poeta se va construyendo como equino a partir de los siguientes discursos que detectamos en toda la narración:

“Se volvió deslumbrador y escénico como el caballo de un emperador en una parada militar. Los faldones de su levita tenían vaga semejanza con la túnica interior de un corcel de la edad media, enjaezado para un torneo”.; “Y allí, y entonces, tuve la primera visión: el señor de Aretal estiraba el cuello como un caballo.”; “Sí, era cierto: estiraba el cuello como un caballo.”; “Y de pronto percibí, lo percibí: el señor de Aretal caía como un caballo. Le faltaba de pronto el pie izquierdo y entonces sus ancas casi tocaban tierra, como un caballo claudicante.”; “...y de pronto lo vi mover los brazos como mueven las manos los caballos de pura sangre, sacando las extremidades de sus miembros delanteros hacia los lados...” ; Después, otra visión el señor de Aretal reía como un caballo.”; “Y luego cien visiones más. El señor de Aretal se acercaba a las mujeres como un caballo”.; “Yo le expliqué que ninguna mujer lo podía amar, porque él no era un hombre, y la unión hubiera sido monstruosa.”; “Yo le expliqué que ningún hombre le podría dar su amistad, porque él no era un hombre, y la mistad hubiese sido monstruosa.”; “Galopaba alegre y generoso en los llanos, con sus compañeros; gustaba de ir en manada con ellos; galopaba primitivo y matinal...”; “El caballo, su hermano, muerto a su lado, se descomponía bajo el dombo del cielo, sin hacer asomar una lágrima a sus ojos...”; “Usted miente, y encuentra en su elevada mentalidad, excusa para su mentira, aunque es por naturaleza verídico como un caballo. Usted adula y engaña y encuentra en su elevada mentalidad, excusa para su adulación y su engaño, aunque es por naturaleza noble como un caballo. Nunca he amado tanto como al amarlos en usted.”; “Usted ha llevado siempre sobre el lomo una carga humana: una mujer, un amigo...”; “Sentí sus cascos en mi frente. Luego un veloz galope rítmico y marcial, aventando las arenas del Desierto”.; “Era el señor de Aretal que se alejaba en su veloz galope, con rostro humano y cuerpo de bestia”. (1997: 5-14)

Algo de animal

¡Claro que desde hace días que llueve en el país!, especialmente fuera de la ciudad, donde ya se comienza a sumar víctimas y pérdidas económicas. Como dice el refrán: tropezamos de nuevo con la misma piedra.
Tomando en cuenta lo que todos los años vivimos como experiencia propia debido a los cambios de temporada o la entrada de huracanes, me gustaría intentar hacer un retrato de lo que nos falta a los seres humanos y que a otros


seres vivos les sobra, para, precisamente sobrevivir y no caer en la misma trampa dos veces.
Aunque los seres humanos estamos dotados de la inteligencia, también somos moldeados con costumbres y formados con hábitos. Esa es una gran ventaja, porque en comparación con otros animales, tenemos puntos a nuestro favor, pero, por otro lado, carecemos, precisamente de la intuición, del llamado instinto animal, que nos alerta del peligro. Por ejemplo, nos falta una antenita, como la de las cucarachas para no tropezar con las paredes o quedarnos quietos cuando encienden la luz. Por cierto estos despreciables insectos son antediluvianos y tienen la capacidad de sobrevivir a toda costa.


Del perro, su sensible olfato, que nos permitiría alejarnos o acercarnos a un llamativo plato. De este mamífero doméstico, nos falta su aguzado oído, que entre otras, le ayuda a enterarse cuándo viene un terremoto. De las hormigas, además de su soldadesca disciplina, su percepción del cambio de clima ¿ha visto alguna hormiga que se ahogue, porque la agarró el agua? Me parece, a pesar que considero a las ratas, seres repugnantes, ellas tienen la capacidad de adaptación: cuando sale un veneno o una trampa, ya sus antecesores han logrado sortearlo y hasta inmunes se vuelven. Las aves tienen esa capacidad de migrar al lugar preciso, donde puedan sentirse cómodas y huir de los climas adversos. En fin, hasta los sapos, que esconden su fealdad tras las piedras, tienen la capacidad de metamorfosearse para sobrevivir y multiplicarse. No sigo, aunque la lista podría ser muy larga. Solo recordemos que con la lluvia debemos de tener algo de animales.

lunes, 13 de junio de 2011

Arévalo Martínez en el umbral de las Vanguardias






Presento al escritor guatemalteco Rafael Arévalo Martínez, como el primer narrador vanguardista en América Central. Su libro El hombre que parecía un caballo (1915) se inserta en la literatura hispanoamericana como un autor precursor de la narrativa vanguardista en América Central.
Con excepción de los poetas nicaragüenses como Coronel Urtecho, Pablo Antonio Cuadra, que comenzaron a publicar sus poemas a finales de la década de 1920, la mayoría de autores guatemaltecos, salvadoreños, o costarricenses han sido excluidos del canon. Nuestro interés en este capítulo es demostrar pues que es el primer narrador vanguardista en la región.
Arévalo Martínez fue incluido en muchas antologías durante la primera mitad del siglo XX. Sin embargo, a partir de entonces sus textos han sido poco comentados o incluidos en estudios sobre las vanguardias. Entre los estudiosos de este autor destaca Alberto Zum Felde, quien en La narrativa en Hispanoamérica, propone a Arévalo Martínez como el precursor del surrealismo .
Por su parte, Jaime Herzenhorn, también ha escrito que la obra del guatemalteco diverge el modernismo y que El hombre que parecía un caballo es un preámbulo a lo que producirá el movimiento surrealista . Graciela Palau de Nemes publicó “El hombre que parecía un caballo, antecedente de El Rinoceronte . La literatura de lo absurdo”, en el que describe a Arévalo Martínez como un autor que publicó “una obra hispanoamericana que anticipa por casi medio siglo lo que en la literatura europea contemporánea se considera muy avant garde”. Tomaremos en cuenta los análisis de estos críticos para apoyar nuestra investigación.
La obra de Arévalo Martínez es abundante e integrada por textos de varios géneros. Vivió 91 años (1884-1975), por lo que su producción además de abundante, se puede ubicar en diversas corrientes debido a las diversas etapas en las que fueron creadas y publicadas.
Varias causas motivan a profundizar no solamente en su creación literaria, sino en sus actuaciones como autor. Primero, por su incursión en la poesía, la que comenzó a publicar a partir de 1911 , hasta 1965 ; en la novela, cuentos, ensayos, teatro y biografías, además de sus publicaciones en periódicos y revistas; y segundo, porque, aunque fue un escritor que arrastró serias enfermedades, su vida está entregada de lleno a la literatura.
Sin embargo, aunque los anteriores elementos no son de vital importancia en este trabajo, sí lo es el hecho del tratamiento que hace a sus primeras creaciones literarias, en las que el autor manifiesta características diversas en sus obras que pueden ser ubicadas en varias corrientes literarias, como expresamos líneas arriba.
El hecho de mencionar sus obras responde precisamente a exponer que Arévalo Martínez es un autor prolífico. Además, que vivió en solitario: no se expresó en manifiestos ni se unió a grupos políticos o artísticos, como acostumbraron muchos vanguardistas.
Sin embargo, el hecho de publicar El hombre que parecía un caballo en 1915, en la época de la dictadura de Manuel Estrada Cabrera, cuando únicamente se podía leer la guía telefónica sin censura, como lo señala irónicamente Mario Monteforte Toledo, constituye un desafío y una nueva propuesta estética. A pesar de ello, se realizó la primera edición en 1915, en la ciudad de Quetzaltenango, Guatemala, en la imprenta Tipográfica Arte Nuevo.
Tomemos en cuenta que esa obra ofrece un texto con incursiones en lo racional, lo prosaico y hasta lo absurdo, por lo que rompe con la literatura tradicional y decimonónica. Esto permite que presentemos a Rafael Arévalo Martínez como la punta de lanza del vanguardismo en América Central, que es nuestro propósito.
En la creación arevaliana, entre 1911 y 1925, comprende poesía, Maya (1911), Los atormentados (1914), Las rosas de Engaddi (1918), Poesías escogidas (1921); novela, Una vida (1914), Manuel Aldano o la lucha por la vida (1922) y La oficina de paz de Orolandia (1925) y cuento, El hombre que parecía un caballo (1915).
Agreguemos que Arévalo Martínez publicó más adelante, en 1947, su novela Hondura, que junto a Una Vida y Manuel Aldano, completó sus tres novelas autobiográficas, en las que recoge parte de su juventud, pero más que eso, lo relacionado con la creación de El hombre que parecía un caballo.
La vida de este escritor tuvo sus altibajos y es clave para conocer buena parte de su obra. Se sabe que aprendió a leer cuando apenas tenía cinco años. No era un alumno excepcional, por lo que al principio decepcionó a sus padres. Pero, dio un giro como estudiante y con tan sólo cinco años ganó todas las medallas de honor que se podían obtener.
Debido al excesivo esfuerzo que realiza durante años para sus estudios y las múltiples lecturas, un médico lo declaró no apto para la escuela. Su agotamiento físico provocó que se alteraran sus nervios, por lo que abandonó la capital guatemalteca. Primero, viajó hacia la zona norte del país conocida como las verapaces (integrada por los departamentos de Alta y Baja Verapaz), seguidamente al occidente, donde trabajó durante algunos años y se dedicó completamente a escribir. En 1910 escribió la letra del “Himno a Centro América”. Seguidamente viajó a oriente, exactamente en la frontera con El Salvador. Más tarde volvió a la capital, donde conoció escritores como Carlos Wyld Ospina, Máximo Soto Hall, Flavio Herrera y otros. Más adelante tuvo contacto con José Santos Chocano, Rubén Darío y Porfirio Barba Jacob, este último ha sido descrito como persona fundamental en El hombre que parecía un caballo.
El propio Arévalo en “Cómo compuse El hombre que parecía un caballo”, publicado en Guatemala en 1960 se dice de su texto y su génesis:

“En los últimos meses de 1914 enfermé gravemente en Guadalupe y tuvimos, mi familia y yo, que regresar la ciudad de Guatemala. ¿Qué incendió mi sangre, de vuelta a ella? Acaso una reserva de energías que había acumulado en el campo, varios miles de pies más bajo que mi ciudad natal, sobre el nivel del mar. Lo cierto es que me mantenía en un estado de espíritu iluminado. Así compuse ‘El hombre que parecía un caballo’.
Ese cuento se refiere la historia de mi aproximación a Miguel Ángel Osorio (conocido también por sus pseudónimos de Ricardo Arenales y Porfirio Barba Jacob). Desde que lo conocí me sentí atraído por él.”

Ambos compartieron una amistad que duró hasta la muerte de Barba Jacob, ocurrida en 1942. Arévalo consigna la creación de su texto en octubre de 1914, precisamente cuando ambos escritores se distanciaron y cuando el escritor guatemalteco pensó que perdería la amistad con el colombiano que lo había motivado a la creación de su conocida narración. La impresión del libro El hombre que parecía un caballo, en el que aparece el texto del mismo nombre y “El trovador colombiano”, se realizó en la ciudad de Quetzaltenango, a 220 kilómetros al occidente de la capital, el 3 de mayo de 1915. Liano indica que la segunda edición se hizo en San José de Costa Rica en Ediciones Sarmientos, Cuaderno 14, Imprensa Alsina, 1918 . La tercera, en Guatemala, en la Imprenta Elctra. G. M Staebler, 1920, Ediciones Ayestas. La cuarta fue editada en México por Lectura Selecta n. 19, en 1920. La quinta, de nuevo en Guatemala, la que según Liano lleva el título “Rafael Arévalo Martínez. Correspondiente a la Real Academia Española. El hombre que parecía un caballo y las Rosas de Engaddi. Guatemala, C.A-Tipografía Sánchez & de Guise. 8ª avenida sur No. 24. 1927. La sexta edición se realizó en España, por la Compañía Ibero-Americana de Publicaciones. Madrid. Puerta del Sol, 15, 1931. La séptima, por la Editorial Universitaria. Guatemala, 1951; la octava, por el Ministerio de Cultura. Departamento editorial, San Salvador, El Salvador, 1958; novena, Guatemala, Centro Editorial José de Pineda Ibarra, Ministerio de Educación Pública; la décima en Perú, sin fecha; la undécima, de nuevo en El Salvador, por la Editorial Universitaria Centroamericana, 1979; la duodécima, Editorial Piedra Santa, Guatemala, 1975; la decimotercera, de la Editorial Universitaria Centro Americana (EDUCA), en San José, Costa Rica, 1982.
He utilizado el texto definitivo, es decir la última edición autorizada por el autor, publicada por EDUCA en 1970 y reproducida en la mencionada Colección Archivos, coordinada por Dante Liano.