Tomado de: El proyecto Black Mask
Muchos lectores cultivan una interesante confusión entre literatura negra y literatura policial. La confusión quizás provenga del nombre de la revista que divulgó con más éxito esos contenidos y de que, al menos en sus dos primeros años, convivieron en sus páginas relatos policiales con relatos en los que se mezclaban erotismo, perversión, maldad y violencia. Como todas esas historias se encontraban en Black Mask (y las que no se encontraban, remedaban el estilo de esa revista), pues a todas se les llamó «negras».
Esta explicación es tan simple como convincente. Sin embargo, sería útil sospechar que las razones para que exista semejante confusión tengan raíces más profundas.
Tanto los relatos policiales como las historias de amor, aventuras y misterio que se publicaban en los primeros años de Black Mask, compartían algo que las hacía únicas: todas trataban sobre asuntos que estaban fuera de los bordes permitidos por la sociedad de los años veinte; todas contenían detalles que podían tildarse de pornográficos, grotescos, desmesurados y violentos. No obstante, aunque muchos de esos adjetivos estuvieran bien aplicados, esos relatos tenían un trasfondo social muy fuerte, un trasfondo de denuncia, de divulgación de aquello que no se difundía por otros canales más expuestos a la opinión pública. ¿Dónde se hablaba sobre ciertos temas prohibidos por «la moral y las buenas costumbres», digamos sobre sexo o sobre drogas o sobre el mundo de los extorsionadores y de los traficantes? Pues en la literatura… Y no precisamente en la literatura que se consideraba seria.
Ésa es la médula del asunto: la literatura negra trata sobre los que dejan que la vida se les salga de los rieles, sobre los que no saben (o no pueden) manejar su relación con el entorno que los rodea, sobre los que no encajan en el mundo en el que viven, sobre los que quieren o necesitan más de lo que pueden obtener, sobre los arrinconados por las circunstancias y apelan a las acciones más locas y desesperadas, sobre los que no saben mantener el equilibrio entre sus apetitos y los de los demás, sobre los perversos que no dudan en convertirse en parásitos del prójimo, sobre los que dañan, matan, roban, violan y descuadernan a los demás.
En ese sentido, la literatura policial, con sus detectives mal encarados y sus investigaciones para develar a los responsables de los crímenes más variados, podría considerarse como una de las tantas y posibles ramificaciones de la literatura negra, de esa literatura que habla sobre la cara menos amable de los seres humanos que viven, muchas veces hacinados, en las grandes ciudades, tratando de sobrevivir al caos económico y a un mundo en el que prosperan todas las formas posibles de corrupción.
Sea cual sea la razón que hace que algunos lectores no discriminen entre literatura negra y literatura policial, lo cierto es que la formación de ambos géneros va unida a la creación de un buen número de publicaciones entre las que destaca Black Mask.
Como fenómeno de la cultura popular, como punto de encuentro de grandes escritores, esta publicación marcó un hito no sólo entre las revistas de su clase, sino en la literatura norteamericana en general. Para muestra, obsérvese que las pautas de estilo que aún se replican en cada cuento, en cada novela y en cada película del género negro, son las mismas que alguna vez esbozaron los editores de Black Mask.
Una revista exitosa en la que se cuece un nuevo tipo de literatura escrita en un lenguaje parco y directo que cuenta historias que atrajeron y siguen atrayendo al gran público, no puede ser un fenómeno frívolo del que se hable a la ligera. Por eso le dedicamos estas líneas y seguimos leyendo, admirados, a los grandes maestros del género.
Los orígenes
Los escritores Henry Louis Mencken y George Jean Nathan deseaban financiar una revista de crítica literaria llamada Smart Set. Para lograr ese objetivo, Mencken y Nathan produjeron Saucy Stories, una publicación barata llena de imágenes y textos eróticos de la que extrajeron buenos ingresos para continuar con cierta holgura su proyecto literario. No obstante el moderado éxito, los editores pensaron que obtendrían mayores beneficios si diversificaban los contenidos de la publicación que les generaba mayores ganancias. Fue así como Mencken y Nathan fundaron, en 1920, Black Mask.
En cada número se publicaban cinco historias: una de gángsters, una de aventuras, una de misterio y dos de amor. Al igual que otras revistas semejantes (Parissiene, Weird Tales, la propia Saucy Stories, entre muchas otras), Black Mask se imprimía en un papel de muy baja calidad, lo que hizo que a este tipo de publicaciones se le llamara «pulp magazines» y al tipo de historias que llevaban sus páginas se le llamara tal cual: «pulp fiction» o, si se nos permite la intromisión (sobre todo después de Quentin Tarantino), «ficción cruda», ficción impresa en un papel basto y barato.
La característica principal de los relatos que se publicaban en esta primera época de Black Mask era la presencia de personajes desaforados cuyas peripecias violentas, eróticas y, en algunos casos, grotescas, mostraban una cara distinta de la moralidad severa que se exponía en la literatura y en el arte de su tiempo.
Nuevos dueños, nuevo editor
Menken y Nathan financiaron ocho números de Black Mask y la vendieron. En 1926, sus nuevos dueños, Eltinge Warner y Eugene Crow, nombraron a Joseph Shaw como editor y pronto se dieron cuenta de que habían tomado la decisión acertada porque lo primero que hizo Shaw fue analizar el producto y proponer unos cuantos cambios que, a la postre, serían cruciales no sólo para la revista como negocio, sino como espacio editorial que aglutinaba el trabajo de un extraordinario grupo de escritores.
La primera decisión que tomó Shaw fue sugerir la eliminación de las historias que no tuvieran que ver con el tema policial. La razón era muy sencilla. Entre el material que se publicaba, el mejor trabajado, el mejor escrito y el que despertaba mayor interés entre los lectores, era el dedicado a los gángsters y a los detectives. Claro, ¿cómo no iba a ser de ese modo, si los autores de esos relatos eran Samuel Dashiell Hammett, Raymond Chandler, Erle Stanley Gardner y Carroll John Daly?
Shaw tuvo el tino de ver gran literatura donde otros veían sólo la ficción cruda típica de las revistas impresas en el papel más barato de su época. Por eso decidió concentrar todas las energías de la empresa en promover el tipo de escritura que sus autores más talentosos cultivaban.
Quizás el principal aporte de Joseph Shaw a este tipo de literatura fuera la redefinición de la figura del detective. Hasta 1923, la figura del detective de Black Mask estuvo inspirada en la elegante asepsia de los detectives de la literatura inglesa, en la eficiencia discreta de los miembros de la Agencia Pinkerton y en la rigidez de los efectivos de Scotland Yard. En 1923 Carroll John Daly publica «Three Gun Terry», un largo relato donde aparece Terry Mack, el primer detective rudo y malhablado que aparece en esa revista y que sería modelo para otros que aparecerían con posterioridad y que, llevados al extremo, crearían el subgénero del hard boiled, un tipo de relatos de una violencia extrema.
Joseph Shaw se dio cuenta del encanto que tenía esa clase de personajes y de la necesidad de héroes que tenía la sociedad norteamericana. Recordemos que los años veinte fueron difíciles para los Estados Unidos, que era una época de posguerra, que había una crisis financiera en ciernes, que la corrupción campeaba, que gángsters como Al Capone, Lucky Luciano y Frank Costello, crearon organizaciones criminales que burlaban las leyes antinarcóticos, que contrabandeaban alcohol, se dedicaban al tráfico de armas, a la prostitución, al juego ilegal y a cuanto produjera dinero fácil y rápido.
Shaw detectó que una buena parte del público veía con desconfianza a las instituciones públicas encargadas de impartir justicia. Por eso estimuló la creación del personaje que ejercía el oficio de detective privado, que no era policía ni juez ni fiscal y que podía moverse con libertad entre lo legal y lo ilegal para enfrentar a los mafiosos en su ley, en ese mundo paralelo del crimen lleno de matones embutidos en trajes hechos a la medida y de maletines repletos de billetes.
Moral y balas
En el estímulo que Shaw le brindó a la creación de personajes emblemáticos de este tipo de literatura (valga decir el Philip Marlowe de Raymond Chandler o el Sam Spade, de Samuel Dashiell Hammett), se percibe el deseo de hacer de la revista y de esos relatos una declaratoria moral en contra del proceso de corrosión de la sociedad que produjo la acción cada vez más abierta y desvergonzada de las distintas organizaciones criminales que prosperaron en esa época. A eso habría que añadir los editoriales que aparecían en cada número y que el propio Joseph Shaw firmaba. En ellos se hablaba de la importancia de luchar contra el crimen, de la conciencia que cada ciudadano debía tener de sus deberes y derechos y de cómo las historias contenidas en ese número podían servir para enseñarle al público cómo era (y sigue siendo) el submundo criminal.
A muchos les resulta extraño que una revista como Black Mask tuviera una preocupación moral tan acentuada. Quizás no les cuadre esa inquietud con el tipo de historias que publicaba, llenas de ladrones, asesinos, alcohólicos, traficantes y demás modelos de mal comportamiento cívico. Al final, el problema no es la presentación descarnada del crimen ni el mal ejemplo que muchos moralistas falsos le enrostran a este tipo de literatura; es algo mucho más complejo que tiene que ver con las preguntas que se hace un grupo de editores, escritores y artistas en torno a la creación de héroes y modelos literarios que, en el fondo, tratan de poner en palabras las preguntas que se hace toda una sociedad sobre cómo combatir el mal que la corroe.
Al igual que en los años veinte, hoy vivimos tiempos difíciles. No hace falta dar ejemplos ni detalles porque todos tenemos nuestra propia experiencia de lo que la expresión «tiempos difíciles» significa. Por eso vale la pena reflexionar sobre un tipo de literatura que no sólo refleja la clase de depravaciones que germina en las épocas duras que les toca vivir a todas las sociedades, sino que plantea soluciones en las que la moral se impone así sea a golpes.
Luchar contra el mal en la vida diaria no es ni será fotogénico, pero en la ficción todo es posible. De eso trató el proyecto Black Mask hasta que, en 1951, cerró sus puertas.
Aproximaciones críticas a textos literarios / publicación de narrativa policial / Comentarios cotidianos
lunes, 7 de mayo de 2012
lunes, 16 de abril de 2012
Mujeres
Como lo he escrito en anteriores ocasiones, las efemérides ofrecen posibilidades para el lucro, pero, también ayudan a recordar por un día, acontecimientos que en realidad deberíamos tener presente las 24 horas, todas las semanas.
El pasado 8 de marzo se celebró el Día Internacional de la Mujer. Lo primero que me viene a la mente es el recuerdo de la mujer como madre, como profesional, como obrera, como hermana, como académica, como deportista, como hija, como artista, como ama de casa, como empleada, como pareja, soñadora, romántica, apasionada, devota. Mi sentimiento no es paternalista, ni tengo una tendencia rapaz hacia ellas. Todo lo contrario: profunda admiración, respeto, pasión, amor, entrega y camaradería.
Sin embargo, existen mujeres que son borradas de la faz de la tierra de la noche a la mañana. No por extraterrestres que las abducen hacia el más allá, sino, a veces, por sus mismos compañeros, esposos, amantes, hijos o nietos, sicarios al fin, que las matan sin piedad, por el único y “condenable” (según los propios asesinos) delito de ser mujer.
Históricamente la falsa y cacareada superioridad de muchos ha provocado la invisibilidad de la mujer en temas que van desde la política, el arte, la filosofía, la ciencia, entre otras.
En nuestro país, la desaparición física, la violación, tortura física y psicológica encabeza los noticiarios cotidianamente, rellenando datos estadísticos, subiéndonos al podio de la vergüenza en el mundo, provocando que muchos nos avergoncemos de la barbarie que las ataca sin piedad y que pareciera, lamentablemente que continuará sin misericordia.
Por ello es que si pensamos un poco más allá de sus hermosos ojos, sonrisa y cuerpo, en ellas como dadoras de vida, como cómplices de la vida o como fundadoras de un devenir más humano, les demos el lugar que históricamente se merecen. Respetemos su vida, como la de un niño, como la de un hombre. Muchos creen que con atacarlas van a ser superiores, pero contrariamente, su enanez física y mental los convierte en seres despreciables,
El pasado 8 de marzo se celebró el Día Internacional de la Mujer. Lo primero que me viene a la mente es el recuerdo de la mujer como madre, como profesional, como obrera, como hermana, como académica, como deportista, como hija, como artista, como ama de casa, como empleada, como pareja, soñadora, romántica, apasionada, devota. Mi sentimiento no es paternalista, ni tengo una tendencia rapaz hacia ellas. Todo lo contrario: profunda admiración, respeto, pasión, amor, entrega y camaradería.
Sin embargo, existen mujeres que son borradas de la faz de la tierra de la noche a la mañana. No por extraterrestres que las abducen hacia el más allá, sino, a veces, por sus mismos compañeros, esposos, amantes, hijos o nietos, sicarios al fin, que las matan sin piedad, por el único y “condenable” (según los propios asesinos) delito de ser mujer.
Históricamente la falsa y cacareada superioridad de muchos ha provocado la invisibilidad de la mujer en temas que van desde la política, el arte, la filosofía, la ciencia, entre otras.
En nuestro país, la desaparición física, la violación, tortura física y psicológica encabeza los noticiarios cotidianamente, rellenando datos estadísticos, subiéndonos al podio de la vergüenza en el mundo, provocando que muchos nos avergoncemos de la barbarie que las ataca sin piedad y que pareciera, lamentablemente que continuará sin misericordia.
Por ello es que si pensamos un poco más allá de sus hermosos ojos, sonrisa y cuerpo, en ellas como dadoras de vida, como cómplices de la vida o como fundadoras de un devenir más humano, les demos el lugar que históricamente se merecen. Respetemos su vida, como la de un niño, como la de un hombre. Muchos creen que con atacarlas van a ser superiores, pero contrariamente, su enanez física y mental los convierte en seres despreciables,
lunes, 9 de abril de 2012
Los amos de la noche
Como siempre, en nuestro país la cultura tiene un lugar privilegiado y cuando hacemos cuentas, nos pasa de manera diferente en otros campos, en los que siempre nos va mal. En esta ocasión quiero referirme a un hecho de mucha relevancia en el campo de la literatura, especialmente la contemporánea, pues, además del surgimiento muchas publicaciones y de de nuevas voces, quiero hacer un énfasis especial en la reaparición del escritor Estuardo Prado. Este autor, tras años de silencio presentó una nueva edición de Los amos de la noche, sin lugar a dudas, uno de los textos más importantes de la narrativa centroamericana de los últimos años. Para quienes no conocen la literatura de Prado, mencionaré que marcó una nueva era debido a que sus textos cambiaron la forma tradicional de narrar, de contar historias durante el siglo XX en nuestro país. Comenzando por la manera en que edita sus textos, el papel, la letra, las imágenes y demás. Por otro lado, los temas que aborda; son, en su gran mayoría tabú, los que pueden herir a quienes no estén preparados para enfrentar esta avalancha de creación, ocurrencia, sobre todo con mucho seso. Su importancia radica en la integración de varios géneros, como el cine, la TV, la plástica, el cómic y la literatura, lo que hace leer sus textos fácilmente (cualquiera los puede leer), pero a la vez, están llenos de referencias para un tipo de lector exigente y con muchas referencias. Los amos de la noche está muy por encima de cientos de libros y de películas en que muchos compatriotas gastan su plata y quedan con insatisfacción tras terminarlos. Este es un texto creado en nuestro país, con un estilo, que alguien podría llamarlo contracultural, pero que no tiene nada que envidiar a textos que se publican en NY o en París del canon. No tienen todo el despliegue promocional, ni Prado se ha tenido que ir a España a escribir la gran novela. El texto habla por sí solo. Estoy seguro que los lectores de ND lo disfrutarán. Si me preguntan qué aporta el país a la posmodernidad, diré que literatura. Celebro la aparición de este autor y que su obra perdure.
Nacimiento de la novela negra en Europa
Tomado de navarrolibreria.com
Dejo aquí algunas reflexiones hechas en la primera sesión, que retomaremos y nos servirá para enmarcar la siguiente sesión: el nacimiento de la novela negra europea.
Desde Henning Mankell a Ian Rankin, la novela negra europea bebe de un único origen: Sjöwall y Wahlöö. Con ellos la novela policíaca se erigió en lo que hoy es: la más certera disección de la sociedad contemporánea.
La pareja sueca inauguró la vertiente social de la ficción negra y criminal mirando de reojo a Ed McBain e innovó en el tratamiento psicológico de los personajes y con su riguroso detalle de la investigación policial.
¿Porqué McBain? Con sus múltiples seudónimos –oficialmente primero se llamaba Salvatore Lombino, luego se lo cambió a Evan Hunter–, y sus más de cincuenta novelas del Distrito 87. Porque McBain llevo a la “incipiente” novela negra a un terrero real, la bajó al suelo y comenzó a tratar problemas ciudadanos.
Es interesante, haciendo un inciso, leer, por ejemplo, “Ojo con el sordo” (RBA, 2011), y buscar los paralelismos con Sjöwall y Wahlöo, que no sólo es temática, lo es sobretodo en los personajes.
Si queréis una referencia mas visual, solo tenéis que recordad la gran serie policiaca de los ochenta, “Canción triste de Hill Street”, se dice que esta serie se basó en las novelas de McBain y su comisaría de distrito 87.
Es decir, no es el Sam Spade de Dashell Hammett en “Cosecha roja” o “El halcón maltés”, ni el Philip Marlowe de Chandler de “Adiós muñeca” o “El largo adiós”
Ante todo, Maj Sjöwall (Estocolmo, 1935) y Per Wahlöö (Lund, 1926-Estocolmo, 1975), exigen al lector que se cuestione sobre el mundo en el que vive. La pregunta sigue vigente, apenas ha envejecido. Lo mismo que las diez novelas que firmaron los padres del género negro europeo: un acontecimiento literario de gran magnitud.
Lo mismo que “El hombre del balcón” (RBA), la tercera de la serie de Martin Beck, quizás la que más a fondo permanece insertada en la niebla espesa de la actualidad y que he releído después de muchos años en la nueva edición de RBA. Si Sjöwall y Wahlöö la hubieran escrito ahora mismo, alguien diría que es una novela oportunista, que nace de uno de los dramas más mediáticos de los últimos niños: las desapariciones, secuestros y asesinatos de niños.
Por esa novela vamos a comenzar a reflexionar sobre el género policíaco contemporáneo.
Dejo aquí algunas reflexiones hechas en la primera sesión, que retomaremos y nos servirá para enmarcar la siguiente sesión: el nacimiento de la novela negra europea.
Desde Henning Mankell a Ian Rankin, la novela negra europea bebe de un único origen: Sjöwall y Wahlöö. Con ellos la novela policíaca se erigió en lo que hoy es: la más certera disección de la sociedad contemporánea.
La pareja sueca inauguró la vertiente social de la ficción negra y criminal mirando de reojo a Ed McBain e innovó en el tratamiento psicológico de los personajes y con su riguroso detalle de la investigación policial.
¿Porqué McBain? Con sus múltiples seudónimos –oficialmente primero se llamaba Salvatore Lombino, luego se lo cambió a Evan Hunter–, y sus más de cincuenta novelas del Distrito 87. Porque McBain llevo a la “incipiente” novela negra a un terrero real, la bajó al suelo y comenzó a tratar problemas ciudadanos.
Es interesante, haciendo un inciso, leer, por ejemplo, “Ojo con el sordo” (RBA, 2011), y buscar los paralelismos con Sjöwall y Wahlöo, que no sólo es temática, lo es sobretodo en los personajes.
Si queréis una referencia mas visual, solo tenéis que recordad la gran serie policiaca de los ochenta, “Canción triste de Hill Street”, se dice que esta serie se basó en las novelas de McBain y su comisaría de distrito 87.
Es decir, no es el Sam Spade de Dashell Hammett en “Cosecha roja” o “El halcón maltés”, ni el Philip Marlowe de Chandler de “Adiós muñeca” o “El largo adiós”
Ante todo, Maj Sjöwall (Estocolmo, 1935) y Per Wahlöö (Lund, 1926-Estocolmo, 1975), exigen al lector que se cuestione sobre el mundo en el que vive. La pregunta sigue vigente, apenas ha envejecido. Lo mismo que las diez novelas que firmaron los padres del género negro europeo: un acontecimiento literario de gran magnitud.
Lo mismo que “El hombre del balcón” (RBA), la tercera de la serie de Martin Beck, quizás la que más a fondo permanece insertada en la niebla espesa de la actualidad y que he releído después de muchos años en la nueva edición de RBA. Si Sjöwall y Wahlöö la hubieran escrito ahora mismo, alguien diría que es una novela oportunista, que nace de uno de los dramas más mediáticos de los últimos niños: las desapariciones, secuestros y asesinatos de niños.
Por esa novela vamos a comenzar a reflexionar sobre el género policíaco contemporáneo.
lunes, 26 de marzo de 2012
Ataques intimidatorios
Intentaré recrear una escena, utilizaré un nombre ficticio, que puede suceder muy cerca de nosotros lo padres y a la cual, considero, debemos prestar atención: Fernandito yace en el suelo llorando. Algunos compañeros acaban de golpearlo, patearlo y escupirlo. Lo llamaron de todo, “indio”, “shumo”, “maricón”. Algunas de sus compañeras se ríen de él, otros pasan sin inmutarse. Al rato, el pequeño se levanta, recoge sus útiles y mientras camina hacia su casa, piensa que la golpiza y los insultos que recibió se debe a que se lo merece. No se lo contará a nadie.
Es cierto que las primeras épocas de escuela o colegio son fantásticas, también se pueden convertir en infernales, especialmente cuando un niño (a), como Fernandito sufren acoso, agresión física u hostigamiento de parte de sus compañeros. A eso se le conoce como bullying. Los expertos lo definen como un constante y deliberado maltrato que sufre un pequeño (a) por medio de otros (as) que lo amenazan, arrinconan, lo someten o lo intimidan. No solamente agresor y agredido son los “actores”, también los observadores, quienes, de cierta manera, al no poner intervenir, avalan la acción y se convierten en cómplices.
En nuestro país, la descalificación étnica o de clase son muy frecuentes. También las agresiones físicas de los más “fuertes” o los más “armados” hacia los desprotegidos, débiles, inseguros son muy frecuentes. Cualquier ataque físico o verbal, cualquier descalificación hacia un pequeño debe ser castigada y corregida, comenzando por los padres, los maestros y los medios de comunicación. Si Fernandito ha bajado su rendimiento escolar, si ya no quiere ir a estudiar, si perdió de peso, aparece golpeado, está triste, y considera que los ataques se deben a su responsabilidad, seguramente son señales de que algo no está bien. Desde la casa podemos enseñar a nuestros pequeños a no descalificar por el color de la piel, por la marca de la ropa, por donde vive, por la estatura. Mientras cada uno ponga su grano, al final podremos combatir este ataque intimidatorio, como el de Fernandito.
miércoles, 29 de febrero de 2012
Bares de novela negra
Bares de novela negra: Julián Ibáñez en Giley
POSTED BY MONTSE CLAVÉ ⋅ FEBRERO 29, 2012
ARCHIVADO BAJO GILEY, JULIÁN IBÁÑEZ, LA MANCHA, NOVELA NEGRA
Los protagonistas de las novelas de Julián Ibáñez (Santander, 1940) son tipos solitarios. No tienen amigos ni perrito que les ladre. Los otros personajes que les rodean, están allí, pero casi no se rozan con ellos.
En las novelas de Julián Ibáñez, lo que menos importa es el argumento o la intriga. Los diálogos, los personajes, las situaciones, la atmósfera, es lo que las hace adictivas. A Julián Ibáñez le gusta recrearse en el ambiente de los bares y en los bares “de ambiente”. Los extractos que siguen son de su novela Giley. Los bares de esta novela están situados en Puertollano y alrededores, pero bares, bares de copas, bares cutres, desangelados, sin encanto, con chicas de alterne, vacíos, o con pocos parroquianos, podemos encontrar en toda su obra.
Es un autor idóneo para esta sección: Bares de novela negra.
(…) Giro a la derecha y entro en La Estrella. Un minuto para la una y media.
Atrae mi atención, como a unos cien metros, casi al final de la calle, el rótulo del Aurelio todavía encendido. Es un letrero de letras azules, picudas, no demasiado grandes, tiene carácter, quiero decir que encendido o apagado llama la atención. A esta hora, quizás un poco antes, es aquí, o en El Charro, donde para Caballo. Puedo echar el último trago con él y contarle parte de mi historia, quizá tenga alguna información para mi. Aparco en el primer hueco que encuentro, a treinta metros de la puerta.”
………….
(…) Todavía no han aparecido. Es probable que no se presenten, suele suceder, cuando llega la hora lo piensan mejor y se echan atrás. Es aquí, en La Pesga, donde Caballo me ha dicho que tengo que esperar. Él se encuentra ahí, al fondo, sentado en una silla con el brazo sobre el respaldo y los ojos puestos en la televisión. Creo que es la primera vez que le veo sentado.”
………………………….
(…) El Embajada no es un tugurio como el Alameda, o el Mañas. Es un bar de copas, no de alterne, con cierta clase, sus clientes son profesionales de mediana edad, matrimonios que los fines de semana salen a tomar una copa, trabaja bien los viernes y sábados por la noche. Moqueta azul océano en toda la planta superior; barra acolchada, de badana negra con grandes botones de nácar; paredes tapizadas de un tejido como terciopelo azul de medio tono; y una buena dotación de apliques de latón en las paredes.”
………………………..
(…) Domingo. Turno de mañana.
Son las nueve y cinco cuando le digo a Cecilio que salgo a desayunar. Cruzo la calle y entro en El Montero.
Atienden la barra dos chicos, sólo conozco a uno de ellos, no mucho, se llama Alberto, su aire es decidido. Hay cuatro clientes.
Pido un café y un bollo cualquiera. Los otros parroquianos hablan pero no presto atención a lo que dicen. No pienso en nada.
Acabo de tomar el primer sorbo cuando veo cruzar la calle un Renault de la Guardia Civil, hacia El Villar, hacia el río. Es raro verles cruzar el pueblo, vendrán de Castillete y para eso tienen la circunvalación. Los cuatro parroquianos y los dos chicos han vuelto también la mirada hacia la calle. Uno de los parroquianos, levantando la voz para hacerse notar, dice que han encontrado el cuerpo de una mujer en el río. Entonces todos vuelven fugazmente la mirada hacia mí, no les conozco pero saben que soy policía, me han visto cruzar la calle desde la comisaría.”
……
(…) El América ya ha cerrado las puertas y bajado el toldo por el calor. Aparco y entro.
Caballo no está. Sólo hay una docena de clientes. Uno de ellos es Baltasar, el patrón del Boom Boom, en Almodóvar, toma un bocado en la barra. Junto al plato hay un cenicero con un puro sin encender. Le acompaña un tipo joven, fornido, una pequeña esvástica plateada cuelga del lóbulo de su oreja derecha. Al pasar a su lado, Baltasar me pregunta si la gente se porta y yo no respondo porque no le conozco lo suficiente como para que me haga esta pregunta.”
………………
(…) Hay tres barras. La principal, de unos cinco o seis metros, se encuentra enfrente de la entrada, las otras dos, de unos tres metros, están a derecha e izquierda. Son de madera de un tono marrón oscuro brillante, con un grueso apoyabrazos de cuero escarlata. Hay unas veinte banquetas fijas, de la misma madera brillante, con acolchado escarlata y respaldo. Entre la puerta y la barra de la derecha el decorador ha colocado una mesita baja con dos pequeños sillones de cuero marrón claro, con cojines verde alfalfa con botellitas bordadas amarillas y rojas.
La barra principal está atendida por cuatro chicas. Las otras, por dos chicas cada una. Ninguna tiene más de veinticinco años, ni pesa más de cincuenta kilos. La que ocupa el centro de la barra principal es muy negra, muy alta, muy delgada, con sus gruesos labios pintados del mismo tono nazareno de la uñas de los pies de Daniela. Lleva puesta una camiseta holgada rojo sangre con una especie de dragón verde estampado; se le marcan los pezones, que tienen el tamaño de los botones de un ascensor o de un portero automático. Las otras chicas son de piel muy blanca; dos de ellas tienen el cabello dorado, una lo lleva recogido en una trenza que debe de llegarle a la rabadilla; el pelo de la otra, la de la barra de la derecha, es moreno. Las rubias tienen pómulos eslavos.
Se reparten en las banquetas una docena de clientes que encajan con el decorado y los coches del aparcamiento: profesionales de mediana edad, tipos entre los cuarenta y los cincuenta, ejecutivos o profesionales preguntándose apesadumbrados por qué cambiaron la batería del conjunto de rock por los libros.
Nadie ha vuelto la mirada.”
miércoles, 22 de febrero de 2012
Excremento y literatura
Si bien es cierto que da gusto pasear por la 6ª. Ave. debido a que ha sido remozada, decorada y digamos que cuidada, lo cierto es que para el Norte, Sur Este o el Oeste del centro capitalino, muchas calles y avenidas están convertidas en sanitarios públicos. No dejo de sentirme atraído por caminar por esta avenida, donde histórica y literariamente ha ocurrido de todo, es decir hechos reales y de novela o poesía. Pero al avanzar casi cien metros, los olores nauseabundos, lo sucio y la basura apagan cualquier luz de limpieza o de poesía .
¿Qué, será? Me pregunto. Es como cuando alguien va a llegar a tu casa y solamente limpiás la sala y dejás todo lo demás destartalado. O, que te esforzás solamente donde los demás puedan observar. Entiendo que el proceso de sanear una ciudad, especialmente como la nuestra, que es hermosa, pero extremadamente sucia, es difícil, costoso, una labor titánica, comenzando con que el basurero está en las entrañas. Claro, no solamente lo tiene que hacer la Municipalidad. Es un trabajo de todos los ciudadanos. Tiene que ver con cultura, educación, pobreza, pero, también con falta de estructuras higiénicas. Por ejemplo, la instalación de sanitarios públicos, botes de basura, entre otros, podrían solucionar. Remozar otras avenidas y calles. No digo solamente en la 6ª. Si se da un colazo por la 6ª. A de inmediato los pulmones comienzan a contraerse debido a la pestilencia, cerca del callejón de Taso, es inaguantable apara cualquier estómago. Si damos un paseo por las cercanías de la Tipografía Nacional de inmediato el detritus, la peste en sí provoca que no pensemos en ciudad sino en excusado.
Unos metros hacia el sur se encuentra el paseo de las letras, el cual ofrece múltiples textos de autores canónigos guatemaltecos, pero en ambos extremos, antes de comenzar a leer poemas, nos topamos con muestras dignas de ser interpretadas por químicos biólogos. Realmente es penoso y sobre todo, dañito para la cultura, excremento y literatura en una misma cuadra, algo irónico, ¿no?
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