Como lo he escrito en anteriores ocasiones, las efemérides ofrecen posibilidades para el lucro, pero, también ayudan a recordar por un día, acontecimientos que en realidad deberíamos tener presente las 24 horas, todas las semanas.
El pasado 8 de marzo se celebró el Día Internacional de la Mujer. Lo primero que me viene a la mente es el recuerdo de la mujer como madre, como profesional, como obrera, como hermana, como académica, como deportista, como hija, como artista, como ama de casa, como empleada, como pareja, soñadora, romántica, apasionada, devota. Mi sentimiento no es paternalista, ni tengo una tendencia rapaz hacia ellas. Todo lo contrario: profunda admiración, respeto, pasión, amor, entrega y camaradería.
Sin embargo, existen mujeres que son borradas de la faz de la tierra de la noche a la mañana. No por extraterrestres que las abducen hacia el más allá, sino, a veces, por sus mismos compañeros, esposos, amantes, hijos o nietos, sicarios al fin, que las matan sin piedad, por el único y “condenable” (según los propios asesinos) delito de ser mujer.
Históricamente la falsa y cacareada superioridad de muchos ha provocado la invisibilidad de la mujer en temas que van desde la política, el arte, la filosofía, la ciencia, entre otras.
En nuestro país, la desaparición física, la violación, tortura física y psicológica encabeza los noticiarios cotidianamente, rellenando datos estadísticos, subiéndonos al podio de la vergüenza en el mundo, provocando que muchos nos avergoncemos de la barbarie que las ataca sin piedad y que pareciera, lamentablemente que continuará sin misericordia.
Por ello es que si pensamos un poco más allá de sus hermosos ojos, sonrisa y cuerpo, en ellas como dadoras de vida, como cómplices de la vida o como fundadoras de un devenir más humano, les demos el lugar que históricamente se merecen. Respetemos su vida, como la de un niño, como la de un hombre. Muchos creen que con atacarlas van a ser superiores, pero contrariamente, su enanez física y mental los convierte en seres despreciables,
Aproximaciones críticas a textos literarios / publicación de narrativa policial / Comentarios cotidianos
lunes, 16 de abril de 2012
lunes, 9 de abril de 2012
Los amos de la noche
Como siempre, en nuestro país la cultura tiene un lugar privilegiado y cuando hacemos cuentas, nos pasa de manera diferente en otros campos, en los que siempre nos va mal. En esta ocasión quiero referirme a un hecho de mucha relevancia en el campo de la literatura, especialmente la contemporánea, pues, además del surgimiento muchas publicaciones y de de nuevas voces, quiero hacer un énfasis especial en la reaparición del escritor Estuardo Prado. Este autor, tras años de silencio presentó una nueva edición de Los amos de la noche, sin lugar a dudas, uno de los textos más importantes de la narrativa centroamericana de los últimos años. Para quienes no conocen la literatura de Prado, mencionaré que marcó una nueva era debido a que sus textos cambiaron la forma tradicional de narrar, de contar historias durante el siglo XX en nuestro país. Comenzando por la manera en que edita sus textos, el papel, la letra, las imágenes y demás. Por otro lado, los temas que aborda; son, en su gran mayoría tabú, los que pueden herir a quienes no estén preparados para enfrentar esta avalancha de creación, ocurrencia, sobre todo con mucho seso. Su importancia radica en la integración de varios géneros, como el cine, la TV, la plástica, el cómic y la literatura, lo que hace leer sus textos fácilmente (cualquiera los puede leer), pero a la vez, están llenos de referencias para un tipo de lector exigente y con muchas referencias. Los amos de la noche está muy por encima de cientos de libros y de películas en que muchos compatriotas gastan su plata y quedan con insatisfacción tras terminarlos. Este es un texto creado en nuestro país, con un estilo, que alguien podría llamarlo contracultural, pero que no tiene nada que envidiar a textos que se publican en NY o en París del canon. No tienen todo el despliegue promocional, ni Prado se ha tenido que ir a España a escribir la gran novela. El texto habla por sí solo. Estoy seguro que los lectores de ND lo disfrutarán. Si me preguntan qué aporta el país a la posmodernidad, diré que literatura. Celebro la aparición de este autor y que su obra perdure.
Nacimiento de la novela negra en Europa
Tomado de navarrolibreria.com
Dejo aquí algunas reflexiones hechas en la primera sesión, que retomaremos y nos servirá para enmarcar la siguiente sesión: el nacimiento de la novela negra europea.
Desde Henning Mankell a Ian Rankin, la novela negra europea bebe de un único origen: Sjöwall y Wahlöö. Con ellos la novela policíaca se erigió en lo que hoy es: la más certera disección de la sociedad contemporánea.
La pareja sueca inauguró la vertiente social de la ficción negra y criminal mirando de reojo a Ed McBain e innovó en el tratamiento psicológico de los personajes y con su riguroso detalle de la investigación policial.
¿Porqué McBain? Con sus múltiples seudónimos –oficialmente primero se llamaba Salvatore Lombino, luego se lo cambió a Evan Hunter–, y sus más de cincuenta novelas del Distrito 87. Porque McBain llevo a la “incipiente” novela negra a un terrero real, la bajó al suelo y comenzó a tratar problemas ciudadanos.
Es interesante, haciendo un inciso, leer, por ejemplo, “Ojo con el sordo” (RBA, 2011), y buscar los paralelismos con Sjöwall y Wahlöo, que no sólo es temática, lo es sobretodo en los personajes.
Si queréis una referencia mas visual, solo tenéis que recordad la gran serie policiaca de los ochenta, “Canción triste de Hill Street”, se dice que esta serie se basó en las novelas de McBain y su comisaría de distrito 87.
Es decir, no es el Sam Spade de Dashell Hammett en “Cosecha roja” o “El halcón maltés”, ni el Philip Marlowe de Chandler de “Adiós muñeca” o “El largo adiós”
Ante todo, Maj Sjöwall (Estocolmo, 1935) y Per Wahlöö (Lund, 1926-Estocolmo, 1975), exigen al lector que se cuestione sobre el mundo en el que vive. La pregunta sigue vigente, apenas ha envejecido. Lo mismo que las diez novelas que firmaron los padres del género negro europeo: un acontecimiento literario de gran magnitud.
Lo mismo que “El hombre del balcón” (RBA), la tercera de la serie de Martin Beck, quizás la que más a fondo permanece insertada en la niebla espesa de la actualidad y que he releído después de muchos años en la nueva edición de RBA. Si Sjöwall y Wahlöö la hubieran escrito ahora mismo, alguien diría que es una novela oportunista, que nace de uno de los dramas más mediáticos de los últimos niños: las desapariciones, secuestros y asesinatos de niños.
Por esa novela vamos a comenzar a reflexionar sobre el género policíaco contemporáneo.
Dejo aquí algunas reflexiones hechas en la primera sesión, que retomaremos y nos servirá para enmarcar la siguiente sesión: el nacimiento de la novela negra europea.
Desde Henning Mankell a Ian Rankin, la novela negra europea bebe de un único origen: Sjöwall y Wahlöö. Con ellos la novela policíaca se erigió en lo que hoy es: la más certera disección de la sociedad contemporánea.
La pareja sueca inauguró la vertiente social de la ficción negra y criminal mirando de reojo a Ed McBain e innovó en el tratamiento psicológico de los personajes y con su riguroso detalle de la investigación policial.
¿Porqué McBain? Con sus múltiples seudónimos –oficialmente primero se llamaba Salvatore Lombino, luego se lo cambió a Evan Hunter–, y sus más de cincuenta novelas del Distrito 87. Porque McBain llevo a la “incipiente” novela negra a un terrero real, la bajó al suelo y comenzó a tratar problemas ciudadanos.
Es interesante, haciendo un inciso, leer, por ejemplo, “Ojo con el sordo” (RBA, 2011), y buscar los paralelismos con Sjöwall y Wahlöo, que no sólo es temática, lo es sobretodo en los personajes.
Si queréis una referencia mas visual, solo tenéis que recordad la gran serie policiaca de los ochenta, “Canción triste de Hill Street”, se dice que esta serie se basó en las novelas de McBain y su comisaría de distrito 87.
Es decir, no es el Sam Spade de Dashell Hammett en “Cosecha roja” o “El halcón maltés”, ni el Philip Marlowe de Chandler de “Adiós muñeca” o “El largo adiós”
Ante todo, Maj Sjöwall (Estocolmo, 1935) y Per Wahlöö (Lund, 1926-Estocolmo, 1975), exigen al lector que se cuestione sobre el mundo en el que vive. La pregunta sigue vigente, apenas ha envejecido. Lo mismo que las diez novelas que firmaron los padres del género negro europeo: un acontecimiento literario de gran magnitud.
Lo mismo que “El hombre del balcón” (RBA), la tercera de la serie de Martin Beck, quizás la que más a fondo permanece insertada en la niebla espesa de la actualidad y que he releído después de muchos años en la nueva edición de RBA. Si Sjöwall y Wahlöö la hubieran escrito ahora mismo, alguien diría que es una novela oportunista, que nace de uno de los dramas más mediáticos de los últimos niños: las desapariciones, secuestros y asesinatos de niños.
Por esa novela vamos a comenzar a reflexionar sobre el género policíaco contemporáneo.
lunes, 26 de marzo de 2012
Ataques intimidatorios
Intentaré recrear una escena, utilizaré un nombre ficticio, que puede suceder muy cerca de nosotros lo padres y a la cual, considero, debemos prestar atención: Fernandito yace en el suelo llorando. Algunos compañeros acaban de golpearlo, patearlo y escupirlo. Lo llamaron de todo, “indio”, “shumo”, “maricón”. Algunas de sus compañeras se ríen de él, otros pasan sin inmutarse. Al rato, el pequeño se levanta, recoge sus útiles y mientras camina hacia su casa, piensa que la golpiza y los insultos que recibió se debe a que se lo merece. No se lo contará a nadie.
Es cierto que las primeras épocas de escuela o colegio son fantásticas, también se pueden convertir en infernales, especialmente cuando un niño (a), como Fernandito sufren acoso, agresión física u hostigamiento de parte de sus compañeros. A eso se le conoce como bullying. Los expertos lo definen como un constante y deliberado maltrato que sufre un pequeño (a) por medio de otros (as) que lo amenazan, arrinconan, lo someten o lo intimidan. No solamente agresor y agredido son los “actores”, también los observadores, quienes, de cierta manera, al no poner intervenir, avalan la acción y se convierten en cómplices.
En nuestro país, la descalificación étnica o de clase son muy frecuentes. También las agresiones físicas de los más “fuertes” o los más “armados” hacia los desprotegidos, débiles, inseguros son muy frecuentes. Cualquier ataque físico o verbal, cualquier descalificación hacia un pequeño debe ser castigada y corregida, comenzando por los padres, los maestros y los medios de comunicación. Si Fernandito ha bajado su rendimiento escolar, si ya no quiere ir a estudiar, si perdió de peso, aparece golpeado, está triste, y considera que los ataques se deben a su responsabilidad, seguramente son señales de que algo no está bien. Desde la casa podemos enseñar a nuestros pequeños a no descalificar por el color de la piel, por la marca de la ropa, por donde vive, por la estatura. Mientras cada uno ponga su grano, al final podremos combatir este ataque intimidatorio, como el de Fernandito.
miércoles, 29 de febrero de 2012
Bares de novela negra
Bares de novela negra: Julián Ibáñez en Giley
POSTED BY MONTSE CLAVÉ ⋅ FEBRERO 29, 2012
ARCHIVADO BAJO GILEY, JULIÁN IBÁÑEZ, LA MANCHA, NOVELA NEGRA
Los protagonistas de las novelas de Julián Ibáñez (Santander, 1940) son tipos solitarios. No tienen amigos ni perrito que les ladre. Los otros personajes que les rodean, están allí, pero casi no se rozan con ellos.
En las novelas de Julián Ibáñez, lo que menos importa es el argumento o la intriga. Los diálogos, los personajes, las situaciones, la atmósfera, es lo que las hace adictivas. A Julián Ibáñez le gusta recrearse en el ambiente de los bares y en los bares “de ambiente”. Los extractos que siguen son de su novela Giley. Los bares de esta novela están situados en Puertollano y alrededores, pero bares, bares de copas, bares cutres, desangelados, sin encanto, con chicas de alterne, vacíos, o con pocos parroquianos, podemos encontrar en toda su obra.
Es un autor idóneo para esta sección: Bares de novela negra.
(…) Giro a la derecha y entro en La Estrella. Un minuto para la una y media.
Atrae mi atención, como a unos cien metros, casi al final de la calle, el rótulo del Aurelio todavía encendido. Es un letrero de letras azules, picudas, no demasiado grandes, tiene carácter, quiero decir que encendido o apagado llama la atención. A esta hora, quizás un poco antes, es aquí, o en El Charro, donde para Caballo. Puedo echar el último trago con él y contarle parte de mi historia, quizá tenga alguna información para mi. Aparco en el primer hueco que encuentro, a treinta metros de la puerta.”
………….
(…) Todavía no han aparecido. Es probable que no se presenten, suele suceder, cuando llega la hora lo piensan mejor y se echan atrás. Es aquí, en La Pesga, donde Caballo me ha dicho que tengo que esperar. Él se encuentra ahí, al fondo, sentado en una silla con el brazo sobre el respaldo y los ojos puestos en la televisión. Creo que es la primera vez que le veo sentado.”
………………………….
(…) El Embajada no es un tugurio como el Alameda, o el Mañas. Es un bar de copas, no de alterne, con cierta clase, sus clientes son profesionales de mediana edad, matrimonios que los fines de semana salen a tomar una copa, trabaja bien los viernes y sábados por la noche. Moqueta azul océano en toda la planta superior; barra acolchada, de badana negra con grandes botones de nácar; paredes tapizadas de un tejido como terciopelo azul de medio tono; y una buena dotación de apliques de latón en las paredes.”
………………………..
(…) Domingo. Turno de mañana.
Son las nueve y cinco cuando le digo a Cecilio que salgo a desayunar. Cruzo la calle y entro en El Montero.
Atienden la barra dos chicos, sólo conozco a uno de ellos, no mucho, se llama Alberto, su aire es decidido. Hay cuatro clientes.
Pido un café y un bollo cualquiera. Los otros parroquianos hablan pero no presto atención a lo que dicen. No pienso en nada.
Acabo de tomar el primer sorbo cuando veo cruzar la calle un Renault de la Guardia Civil, hacia El Villar, hacia el río. Es raro verles cruzar el pueblo, vendrán de Castillete y para eso tienen la circunvalación. Los cuatro parroquianos y los dos chicos han vuelto también la mirada hacia la calle. Uno de los parroquianos, levantando la voz para hacerse notar, dice que han encontrado el cuerpo de una mujer en el río. Entonces todos vuelven fugazmente la mirada hacia mí, no les conozco pero saben que soy policía, me han visto cruzar la calle desde la comisaría.”
……
(…) El América ya ha cerrado las puertas y bajado el toldo por el calor. Aparco y entro.
Caballo no está. Sólo hay una docena de clientes. Uno de ellos es Baltasar, el patrón del Boom Boom, en Almodóvar, toma un bocado en la barra. Junto al plato hay un cenicero con un puro sin encender. Le acompaña un tipo joven, fornido, una pequeña esvástica plateada cuelga del lóbulo de su oreja derecha. Al pasar a su lado, Baltasar me pregunta si la gente se porta y yo no respondo porque no le conozco lo suficiente como para que me haga esta pregunta.”
………………
(…) Hay tres barras. La principal, de unos cinco o seis metros, se encuentra enfrente de la entrada, las otras dos, de unos tres metros, están a derecha e izquierda. Son de madera de un tono marrón oscuro brillante, con un grueso apoyabrazos de cuero escarlata. Hay unas veinte banquetas fijas, de la misma madera brillante, con acolchado escarlata y respaldo. Entre la puerta y la barra de la derecha el decorador ha colocado una mesita baja con dos pequeños sillones de cuero marrón claro, con cojines verde alfalfa con botellitas bordadas amarillas y rojas.
La barra principal está atendida por cuatro chicas. Las otras, por dos chicas cada una. Ninguna tiene más de veinticinco años, ni pesa más de cincuenta kilos. La que ocupa el centro de la barra principal es muy negra, muy alta, muy delgada, con sus gruesos labios pintados del mismo tono nazareno de la uñas de los pies de Daniela. Lleva puesta una camiseta holgada rojo sangre con una especie de dragón verde estampado; se le marcan los pezones, que tienen el tamaño de los botones de un ascensor o de un portero automático. Las otras chicas son de piel muy blanca; dos de ellas tienen el cabello dorado, una lo lleva recogido en una trenza que debe de llegarle a la rabadilla; el pelo de la otra, la de la barra de la derecha, es moreno. Las rubias tienen pómulos eslavos.
Se reparten en las banquetas una docena de clientes que encajan con el decorado y los coches del aparcamiento: profesionales de mediana edad, tipos entre los cuarenta y los cincuenta, ejecutivos o profesionales preguntándose apesadumbrados por qué cambiaron la batería del conjunto de rock por los libros.
Nadie ha vuelto la mirada.”
miércoles, 22 de febrero de 2012
Excremento y literatura
Si bien es cierto que da gusto pasear por la 6ª. Ave. debido a que ha sido remozada, decorada y digamos que cuidada, lo cierto es que para el Norte, Sur Este o el Oeste del centro capitalino, muchas calles y avenidas están convertidas en sanitarios públicos. No dejo de sentirme atraído por caminar por esta avenida, donde histórica y literariamente ha ocurrido de todo, es decir hechos reales y de novela o poesía. Pero al avanzar casi cien metros, los olores nauseabundos, lo sucio y la basura apagan cualquier luz de limpieza o de poesía .
¿Qué, será? Me pregunto. Es como cuando alguien va a llegar a tu casa y solamente limpiás la sala y dejás todo lo demás destartalado. O, que te esforzás solamente donde los demás puedan observar. Entiendo que el proceso de sanear una ciudad, especialmente como la nuestra, que es hermosa, pero extremadamente sucia, es difícil, costoso, una labor titánica, comenzando con que el basurero está en las entrañas. Claro, no solamente lo tiene que hacer la Municipalidad. Es un trabajo de todos los ciudadanos. Tiene que ver con cultura, educación, pobreza, pero, también con falta de estructuras higiénicas. Por ejemplo, la instalación de sanitarios públicos, botes de basura, entre otros, podrían solucionar. Remozar otras avenidas y calles. No digo solamente en la 6ª. Si se da un colazo por la 6ª. A de inmediato los pulmones comienzan a contraerse debido a la pestilencia, cerca del callejón de Taso, es inaguantable apara cualquier estómago. Si damos un paseo por las cercanías de la Tipografía Nacional de inmediato el detritus, la peste en sí provoca que no pensemos en ciudad sino en excusado.
Unos metros hacia el sur se encuentra el paseo de las letras, el cual ofrece múltiples textos de autores canónigos guatemaltecos, pero en ambos extremos, antes de comenzar a leer poemas, nos topamos con muestras dignas de ser interpretadas por químicos biólogos. Realmente es penoso y sobre todo, dañito para la cultura, excremento y literatura en una misma cuadra, algo irónico, ¿no?
jueves, 16 de febrero de 2012
Nilños asesinos que conmocionaron con sus atrocidades
Tomado de www.abc.es
Más allá de novelas como «La virgen de los sicarios» (1994), de Fernando Vallejo, o películas como «¿Quién puede matar a un niño?» (1976), de Narciso Ibáñez serrador, la vida real está plagada de casos de menores de edad que se convirtieron en precoces asesinos. La última, la joven Alyssa Bustamante, que a sus 18 años acaba de ser condenada a cadena perpetua en el estado de Missouri (Estados Unidos) por matar, cuando sólo tenía 15 años, a su compañera de juegos. En el juicio, Bustamente declaró que la experiencia había sido «increíble» y «muy agradable».
ABC .Alyssa Bustamante, durante el juicio por asesinatoEn la historia tenemos casos que se hicieron mundialmente famosos por lo escabroso de sus detalles, como, por ejemplo, «Petiso orejudo», un muchacho argentino llamado Cayetano Santos Godino que, a principios del siglo XX, comenzó a matar a otros niños a la temprana edad de 7 años; o Mary Bell, otra niña inglesa que, en 1968, a la edad de 10 años y después de una vida de sufrimiento y torturas por parte de una madre prostituta, llegó a matar a dos niños. Cuando declaró en la comisaría aseguró haber disfrutado con ambos asesinatos.
Sin llegar a los niveles de México, donde en los últimos cinco años han sido detenidos más de 11.000 menores por asesinato, España no escapa a esta precocidad homicida, que en los últimas dos décadas ha visto como cerca de una veintena de niños han saltado a la primer plana de los periódicos por acabar con la vida de otras personas, mostrando una frialdad absoluta y una ausencia de remordimientos absolutamente escalofriantes.
Estos han sido algunos de los casos más sonados:
- «El Nano», de 13 años, estranguló a su amigó Juan José, de 10, cerca del barrio marginal de El Cruce, junto a la M-30, el 9 de agosto de 1992. El pequeño asesino, que tardó un año en confesar a la Policía su crimen, aún tuvo el valor de enterrar el cadáver de «El niño del cruce», como se conocería en la prensa a la víctima. ¿La causa? «Me había insultado», declaró.
- Antonio Molina tenía 14 años cuando, en un ataque de celos, decidió poner punto y final a la vida de su hermanastra, Nerea. La arrojó por una tubería de distribución de aguas de una casa-cueva de Cenes de la Vega (Granada), según confesó al día siguiente, el 18 de mayo de 1994. La niña murió asfixiada. Pririficación, la madre de Antonio, que hacía cinco meses que no veía a su hijo tras la separación de su marido, aseguró que el niño era maltratado en ocasiones por su padre.
- Enrique Cornejo y Antonio Aguilar violaron y apuñalaron a Antonio, un niño de 11 años que vivía en Jaén, con un machete y un cuchillo que fueron más tarde hallados en el domicilio de Conerjo, conocido como «El Tomate». Cuando cometieron el crimen, el 31 de octubre de 1998, Antonio y Enrique tan sólo contaban con 16 años de edad.
- José Rabadán pasó a la historia como «El asesino de la katana», después de que el 1 de abril de 2000, cuando tenía 16 años, matara a sus padres y a su hermana –de 12 años y con síndrome de Down– con una espada samurái en Murcia. «Quería estar solo», fue la sencilla explicación que dio a la Policía. Después aseguró que su «hermana está en el cielo, ya no tiene que sufrir» y por último se preguntó, confuso: «¿La muerte de mis padres? Son muchas cosas juntas...». Cuatro años después, era puesto en libertad vigilada por el juez.
- Raquel e Iria, de 17 y 16 años respectivamente, le asestaron 24 puñaladas y prácticamente degollaron a Clara, una compañera de su instituto en San Fernando (Cádiz), el 27 de mayo de 2000. Clara era una chica normal, de clase media, y, segun confesaron en el interrogatorio Raquel e Iria, mataron a su amiga, que jugaba al rol con ellas, para poder seguir jugando. Raquel, que empuñó el arma mientras Iria sujetaba a Clara y le tapaba los ojos, declaró en el juicio que «tenía la necesidad de matar». Después, escondieron el arma y se fueron de copas con los amigos. Cuando fueron detenidas, relataron el crimen en el interrogatorio con total tranquilidad, sin mostrar emoción alguna. Para más casualidades, la víctima, según contaba ABC, se carteaba con «El asesino de la katana».
- Narima, de 17 años, y Miriam y Esther, de 16, fueron detenidas por el asesinato de un repartidor de bocadillos de 27 años, el 4 de octubre de 2001. Las tres adolescentes colocaron un cable de un lado a otro de la carretera en la barriada Juan Carlos I de Ceuta. Enrique, el repartidor, murió degollado al pasar con la moto. Según confesaron, el crimen fue cometido como venganza contra el novio de uno de ellas, que había roto la relación sentimental que mantenía.
- El asesinato de Sandra Palo, la joven de 22 años con una minusvalía psíquica que fue violada, atropellada y quemada viva en Getafe por tres menores el 17 de mayo de 2003, es uno de los casos más famosos. «El Rafita» tenía 14 años cuando cometió el brutal asesinato y, debido a la Ley del Menor, ahora se encuentra el libertad, mientras es detenido una y otra vez por otros delitos.
- María Dolores murió degollada a los 14 años en un descampado de Ripollet (Barcelona), el 1 de noviembre de 2008. Los presuntos asesinos fueron dos menores de edad, compañeros del instituto, que cursaban segundo de la ESO, molestos porque la joven había grabado los besos que se había dado con Sergio, el presunto homicida, y con novia, y los había colgado en internet.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


